FUEGO CON NIEVE
Cuaderno de bitácora de Antonio Rivero Taravillo
martes, 21 de mayo de 2013
Con Bieito Iglesias en La Mercería
A veces uno quisiera no escribir y dedicarse por entero a la lectura, pero de algo hay que... morirse de hambre. Desde el pasado viernes tengo en la pila de libros a los que meter mano y ojos El mejor francés de Barcelona, volumen de cuentos del autor gallego Bieito Iglesias que fue presentado la otra tarde en La Mercería. Pasamos un buen rato, sin duda. La presentación corrió a cargo del propio Bieito y del compañero de Estado Crítico Manolo Haro. Luego conversamos sobre Cunqueiro, el Camino de Santiago, la literatura de aquel finisterre... En cuanto al lugar, qué decir: ya, a solo tres meses de su apertura, es lícito afirmar que se trata de uno de los sitios con más encanto para realizar actividades culturales en Sevilla. Pero eso salta a la vista.
lunes, 20 de mayo de 2013
Bajo mi ventana
(Homenaje a Larkin)
Antes, para pelar la pava
hacían falta un chico y una
chica
y un poyete o un banco.
Pero ahora -ménage à
quatre,
contra natura-,
también la "música"
de un mp3.
Si no Cupido,
ojalá les falle la batería.
domingo, 19 de mayo de 2013
De la actualidad
Igual que el Cid ya muerto
gana batallas,
ese quiosco de prensa abandonado
sigue dando noticias de la crisis.
sábado, 18 de mayo de 2013
De Sevilla a Sinaloa
Agapito Maestre viene mostrando a los lectores de EL MUNDO
la cara más amable de México, la que alumbra la cultura, que allí es a menudo de
pasmosa riqueza. Pero al país lo atenazan enormes contradicciones y una élite
intelectual no puede ser confundida con las condiciones de vida –y de muerte–
del resto de la población. La paz de la biblioteca o la animación de las “cafebrerías”
(librerías con café de El Péndulo, que ahora celebra su vigésimo aniversario)
tienen poco que ver con las balaceras o los secuestros exprés.
En Culiacán está uno de los más
encantadores alojamientos de México. En la calle de tal nombre y en la capital
del país, quiero decir (un D.F. que sigue siendo relativamente seguro). Porque,
en el estado de Sinaloa, Culiacán no tiene hostelería digna de reseñar. De uno
de sus hoteles, el Flamingos, salieron hace unos días dos españoles, uno de
ellos sevillano, y ya no regresaron. Nuestros compatriotas no fueron plagiados,
parece (en México plagio significa secuestro), sino ejecutados tras el robo,
pues faltan sus carteras. Fernando Carmona procedía de la barriada Martínez
Montañés, las Tres Mil, en la zona conocida como Las Vegas: un nirvana
comparado con lo de allí, pues en las horas previas a su desaparición morían en
aquel estado quince personas de forma violenta, dos de ellas decapitadas. En el
mismo Culiacán fueron “ejecutados” otros cuatro hombres en la madrugada de este
lunes.
Qué extraño: se baja uno de la
estación de Metro de Sevilla, en la ciudad de México, y cruzando dos calles está
en la de Sinaloa, sinónimo de cártel y sicarios. Pero no el vial capitalino,
sino el estado, es lo que tiene fama de peligroso, como el vecindario en que
moró Carmona, sin que eso quiera decir que los habitantes de uno y otro sean
criminales, puesto que mucho más son víctimas.
En tiempos recientes México ha
emprendido una depuración de sus agentes de policía, a menudo conniventes con
el crimen organizado. Pero el diario Reforma
ha publicado que el 80% de los suspendidos en los exámenes de confianza siguen
en sus puestos por falta de dinero para las indemnizaciones de despedido. No es
baladí: los reprobados fueron 64.000, incluidos 5.821 mandos
Quizá se pueden colocar allí como
maderos muchos jóvenes españoles en el paro. Y no solo ellos. Los asesinados
trabajaban en la venta ambulante. En cuanto a los médicos españoles, tienen
salida asegurada empleándose como forenses en México. De hecho, un forense en
Sinaloa debe de ser el trabajo más atareado del mundo.
(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 17-5-13)
viernes, 17 de mayo de 2013
Instante con naranja
Afortunadamente el teléfono móvil se había quedado sin batería, porque ¿para qué fotografiar lo que a la fuerza había de ser un remedo, un pobre retazo? (Uno de los cielos más increíbles que he visto en mi vida fue, paseo de la Reforma adelante, sobre el bosque de Chapultepec, en México. La imagen que grabé entonces es un monumento a lo indecoroso de la técnica cuando se trata de reproducir lo que es milagro en la retina.)
La otra tarde, junto a la torre del Oro, una naranja sin piel ni límite ni otra forma que la de la belleza colgaba del cielo sobre el Guadalquivir. Ante él, el ámbar del semáforo era una lastimosa emulación parpadeante: atardecer, noche cerrada, atardecer, noche cerrada, atardecer... Por el paseo del Colón y hacia el de las Delicias un par de ambulancias berreantes pasaron mientras estábamos en la terraza del bar: deudos, hermanas pequeñas, también ellas naranjas, las sirenas llevaban en sus camillas al sol herido hacia el barrio de Heliópolis, su ciudad.
jueves, 16 de mayo de 2013
Una dedicatoria
Parece obsceno reproducir la dedicatoria que le hacen a uno en un libro. Pero como se trata de la que hace un personaje, mezclando las bromas con las veras, y en un libro al que le vendrá bien la promoción, aquí la dejo. Al parecer, y en la novela de este Palacio Rojo que escribe muy bien, un tal Bernardo quería endilgarme un manuscrito en mi anterior avatar como editor. Y el personaje, que algo sabe de la tradición gaélica, ideó estas líneas a modo de zalamera dedicatoria para persuadirme:
No le sobrecoge la noble noche del norte. Adivina que, en esa sombra del día, el espejo roto del sueño degüella la vigilia. Y adivina que fueron primero los colores y luego las preguntas. Todos los idiomas son el sacudir de la carne cansada, pero fue el inglés el nacido en más sueños. Él escribe dream, pero sueña aisling. Y un viento le llega hasta el alma.
miércoles, 15 de mayo de 2013
martes, 14 de mayo de 2013
El barbero de Sevilla
Anda desnortado mi cuero cabelludo, contagiado por el cerebro que supuestamente llevo bajo él, que también sabe lo suyo de confusiones. ¿Dónde irá dentro de unas semanas a que lo corten? ¿Sobre qué maldita tela negra sembrará sus canas? Le han cerrado la peluquería que frecuentaba en la calle Almirantazgo, junto al arco del Postigo.
Ahora tendré que dar con otro barbero, pero mejor que buscar en el listín telefónico podría, se me ocurre, tirar de la lista de los trescientos que comparecen poco antes de ir al frente en una escena de Campo abierto, la segunda parte de El laberiento mágico. Allí, Max Aub se vuelve homérico y tras decir que son trescientos del oficio (lo que hace pensar que griegos contra persas) pasa a nombrar a todos los del batallón de los Fígaros, dando de muchos la procedencia y alguna circunstancia: "Santiago Arellano, de Alba de Tormes, medio dormido siempre, a menos que lo esté del todo"; "de la calle Mayor: Fernando Escudero, tan menudo, que a veces tiene que afeitar poniénsose de puntillas; "don Narciso Campos, vegetariano y teósofo, inventor de una nueva manera de secar el pelo"... Y así durante bastantes páginas y hasta contar los trescientos. Y más.
Pero para campo abierto, el calvero que ya crece en medio del bosque de la coronilla.
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lunes, 13 de mayo de 2013
Sacudiéndome el polvillo del papel
No importa la hora en que lo abramos con el cortaplumas, todo libro intonso tiene algo de amanecer.
domingo, 12 de mayo de 2013
Paraíso
De Dante a Milton o el Pound final de las notas para el Canto CXX (I have tried to write Paradise...), el Paraíso ha tenido siempre comercio con la mejor poesía. Hoy lo prueba una vez más este ejemplar de la revista jiennense que, número 8, tengo entre las manos. Me gusta Paraíso, su diseño, su contenido, lo que reúne bajo la dirección, yo creo que muy acertada, de Juan Carlos Abril.
La poesía tiene mucho que ver con la estructura, con la ordenación de los números (los versos), con los acentos. Paraíso se despliega en secciones definidas: la de apertura, "Tres morillas", que incluye las claves que Alí Chumacero dio sobre su gran "Responso del peregrino"; "Poesías completas" (recensiones de eso precisamente, las poesías reunidas de diversos autores); algún ensayo bajo el epígrafe "Bonus Track" (aquí, "Breve introducción a la poesía rumana"); una muestra de obra en marcha de poetas (en este número la sección adopta el título de "No te echará de mi pecho"); la tributaria "Paraíso perdido", con versos de poetas recientemente fallecidos (Gonzalo Rojas, Tomás Segovia y Nicanor Vélez); y, como postre, "Los alimentos", una veintena larga de reseñas de publicaciones poéticas.
Entre muchos otros colaboradores, este número de la revista que coeditan la Diputación y la Universidad de Jaén (qué gusto que haya uniones tan fructíferas), figuran Pablo García Baena, Homero Aridjis, Carlos Alcorta, Juan Carlos Sierra, Josep M. Rodríguez. Pero son muchos más: los anteriores son solo un puñado de ellos. La edición se enriquece con ilustraciones de Ginés Liébana en cubierta, contra e interior.
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sábado, 11 de mayo de 2013
Andalucía de los Niños
Borges, que
parafraseando lo que él mismo afirmó del cantar de Gardel, cada día escribe
mejor, cuenta en uno de sus relatos cómo en cierto imperio la cartografía fue
perfeccionada hasta el grado de que el mapa de una provincia ocupaba una ciudad
entera, y el del imperio todo la superficie de una provincia. Y añade: “Con el tiempo, estos mapas desmesurados no
satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un mapa del Imperio, que
tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al
estudio de la cartografía, las generaciones siguientes entendieron que ese
dilatado mapa era inútil y no sin impiedad lo entregaron a las inclemencias del
sol y los inviernos.” El breve cuento termina describiendo cómo en los
desiertos perduran despedazadas ruinas de ese mapa, reliquias habitadas por
animales y por mendigos.
La
Andalucía de los Niños, aquella atracción al por menor de las mayores bellezas
de nuestra tierra, fue desahuciada
de Isla Mágica hace dos años y, devuelta por el parque temático, ahora es
responsabilidad de la Junta. Lo de responsabilidad es un decir, naturalmente, a
la vista de la falta de celo en evitar los destrozos que viene sufriendo el
recinto.
Pero
nada más ingenuo que escandalizarse por ello. Al fin y al cabo, se trata de una maqueta fidedigna de lo que Andalucía,
y aún toda España, es hoy: un lugar desolado (como una imagen de esas “Regiones
devastadas” que daban nombre a barriadas de menesterosos), donde crece el
jaramago y el destrozo campa, más que por sus respetos, por la falta de ellos,
o él, en el primero que fuerza una valla y, Gulliver malvado, causa un seísmo
en esa arquitectura un día de ensueños infantiles y ya pesadillesca. “Del rigor en la ciencia” se titula el cuento de Borges.
Una ironía aquí, donde no hay rigor para perseguir al bárbaro ni ciencia para
educar en el civismo.
Así,
esas truncas miniaturas son como un cuadro de Antonio López, casi una
fotografía. Si despojan el cementerio, cómo vamos a sorprendernos de que
arrasen la cúspide de la pequeña Giralda sin que quede huella del Último cuerpo de campanas, haciendo
borrón de Rafael Montesinos.
La
Andalucía que estamos legando a los niños es como ese solar de la Isla de la
Cartuja: un lugar venido a menos, una ruina. La infancia terminó; pero a falta
de unos padres que dijeran que había que guardar los juguetes, estos han
quedado esparcidos y rotos, pisoteados por la suela –que nunca se gasta y cada
vez es más claveteada y punzante– de la realidad.
(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 10-5-13)
viernes, 10 de mayo de 2013
jueves, 9 de mayo de 2013
Pantalla y pérgola
Los premiados por la Feria del Libro de Sevilla este año.
En el centro, Fran G. Matute por Estado Crítico
No siempre se tiene ocasión de ver y escuchar, al natural y no aprisionado en la pantalla, a quien mantiene un blog. Esta tarde sin embargo algunos miembros de Estado Crítico hablaremos del nuestro, recién premiado, bajo la pérgola de la Feria del Libro de Sevilla. Será a las ocho de la tarde y José María Moraga, Manolo Haro, Fran G. Matute y yo mismo, reciente polizón en esa nave, mantendremos una conversación sobre el mundo de las reseñas de literatura en Internet y sobre nuestro caso particular. De modo que aquí queda la entrada de hoy de este otro cuaderno de bitácora, dejando lo que pueda añadir para la tarde.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Una cabeza disciplinada
Coleridge antes de salir en busca de Gecé
Haber terminado tres novelas en un breve plazo (ahora mismo están siendo leídas por sus posibles editores) y andar empeñado con la cuarta tiene eso: una efervescencia de ideas que exige cabeza más disciplinada que la mía. Si no, durante la continua corrección de las primeras y la simultánea escritura de la última, cómo evitar que la danza hasta el mareo de las neuronas haga que una frase, una descripción, un personaje vaya a parar al libro que no le corresponde. Por ejemplo, que aparezca por una calle de Sevilla, años veinte, un escarabajo verde -taxi en México-; o que Coleridge se levante de una cena para ir al encuentro de Ernesto Giménez Caballero; o hacer que al homenaje a Góngora de la generación del 27 asista, delgada y rubia, la Elena Garro que no vino a España hasta diez años después; o que Maud Gonne se moje los labios no con una Guinness, como pide el decoro espacio-temporal, sino con una negra Modelo. Son, como se ve, novelas con figurantes prestigiosos. Da igual, tal como va el mundo dentro de poco serán desconocidos todos y únicamente redivivos por mi magín, cuyos frutos -no nos engañemos- tampoco leerá nadie.
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