lunes, 20 de febrero de 2017

Constelación de ángeles





En el número 127 de la revista Clarín publico unos aforismos sobre los ángeles. Va uno aquí, como botón de muestra:


Cuando repican, las espadañas son ajorcas en los tobillos de los ángeles.

domingo, 19 de febrero de 2017

Una verdad (como un templo)





Muchos lo han articulado de manera parecida, y cabría extenderlo a un uso desparramado de las palabras que atiende más a la suntuosidad que a su núcleo, pero aquí lo expresa muy bien el poeta y traductor barcelonés Enrique Badosa, a punto de cumplir los noventa años de sabiduría: "Profundas, importantes ideas y aun sentimientos, solos no hacen bellos, importantes y profundos poemas. Pero esto suele olvidarse por los poetas a quienes hoy una suerte de atractivo de lo hermético -¿todavía de lo surrealista facilón?- lleva a suponer que lo enigmático -por no decir lo indescifrable y lo confuso- basta para sustentar unos versos en los que el enigma y la confusión no devienen poesía, aunque en ocasiones no falte alguna belleza formal."
     Sine tradere, por cierto, es una magnífica muestra del arte de Badosa, que reúne en este libro originales y traducciones del alemán, catalán, francés, inglés, italiano, latín y portugués, antecedidos por un enjundioso prólogo. Lo publicó en 2016 Funambulista.


sábado, 18 de febrero de 2017

De debates poéticos



Es curioso: hay defensores del verso libre y la poesía imaginativa, órfica, inaprehensible, que emplean las cuadrículas y una férrea métrica de rejas, celdas y celdillas para encerrar en un tópico o dos la poesía de los demás. Como si para gozar de su libertad tuvieran que dejar presos de prejuicios a los otros.

viernes, 17 de febrero de 2017

Sevilla en dos centenarios cervantinos 1916-2016








Conocí a Rafael Raya Rasero cuando yo trabajaba en la Casa del Libro. Alguna vez tertuliamos en mi despacho y muchas lo encontré por las plantas de la tienda o en la sala de actividades, con motivo de alguna presentación o charla. En la actualidad lo veo en otra librería, esta de viejo -sí, todos vamos envejeciendo-. En la excelente Boteros suele encontrársele, y no solo por su querencia por la letra impresa, sino también porque literalmente vive a unos escasos metros del establecimiento. Durante los meses pasados mostró una gran efervescencia cervantina, participando a los demás de sus investigaciones en archivos y bibliotecas. Hace pocas semanas se ha publicado, por fin el, fruto de sus desvelos.
     Qué tenaz, Raya, que no hay papel que no haya movido para montar este volumen de buen tamaño en el que aporta un sinfín de documentos y datos que comparan las afemérides del tercer y cuarto centenario de la muerte de Cervantes. Realmente, como él mismo blasona legítimamente en su texto, ha puesto a disposición de futuros pesquisadores mucha información sobre la materia. Desvela alguna anécdota sobre el cronista Luis Montoto, y dos exclamaciones de este en una carta dirigida a José Gestoso sirven de frontispicio al libro. Tienen su gracia, y acaso sean trasladables a todos los que husmean, inquieren, hacen de sabueso, persiguen un tema o personaje, se embarcan en una quête que a menudo puede ser fatigante (como las de los caballeros artúricos cuyas aventuras, y las de sus tardíos epígonos, trastornaron a Don Quijote):

¡Estoy de Cervantes hasta el pelo! ¡Una y no más!

jueves, 16 de febrero de 2017

Lápiz




El lápiz que dejamos abandonado entre las hojas de un libro a modo de marcapáginas, cómo nos bendice, sabio, por todo lo que no hemos escrito con él.

martes, 14 de febrero de 2017

Shakespeare en Asturias





Si se mira apresuradamente esta cubierta, parecerá que se trata de una edición más de los Sonetos de William Shakespeare en traducción española. Ahora, si se mira con un poco más de atención y se lee la letra pequeña, lo que tenemos ante la vista es una traducción al asturiano. Como un pájaro sobre los campos cantábricos he picoteado en ella, y el sabor de sus bayas es muy grato, un nuevo sabor sobre el viejo fruto conocido. Héctor Fernández y la editorial Saltadera han hecho un excelente trabajo. El azar abre con sus imprevisibles y abstractas manos las páginas y las de carne y hueso copian aquí, a modo de ejemplo, los primeros versos del soneto XLI:

Les faltes qu'al to llibre albedríu cometes
cuando nun toi presente nel to corazón
casen cola toa edá y cola to belleza,
porque la tentación síguete ellí onde vas.

Suenan como si el Bardo abandonara el inglés de la Corte londinense y se solazara en la escritura de algún dialecto norteño, allá por Lancashire, que reverberara en él desde su gira con la compañía que lo acogió en sus inicios sobre las tablas. Son palabras astures, pero podrían ser pronunciadas sobre el prado no menos verde de alguna aldea de la vieja Inglaterra.

lunes, 13 de febrero de 2017

Purpurina completa




Publicaba hace unos días esta crítica de la Poesía completa de José Lezama Lima. No suelo escribir desfavorablemente de los libros que leo. Este, aun viniendo de una editorial que admiro y en la que he publicado como traductor, solo ha podido inspirarme un juicio adverso a pesar de las excelencias de la factura del volumen. Pero a veces uno tiene que decir las cosas que piensa aunque se quede solo. Y si pone en tela de juicio a un grande o reputado como grande, con más razón. No descarto haberme equivocado. Ahora, ni siquiera aceptar el riesgo de equivocarse, ese es sin duda el mayor error.

domingo, 12 de febrero de 2017

A vueltas con Lezama



En 1961, Luis Cernuda mandaba una tarjeta postal a José Lezama Lima en la que acusaba recibo de Dador, la última publicación del cubano: era un mensaje escueto en el que simplemente agradecía la atención del envío y no entraba en detalles sobre el libro. Algunos años antes, en 1953, el poeta sevillano escribía también al habanero agradeciéndole, tardíamente, el envío de Analecta del reloj. Allí sí que se explayaba y entraba a fondo en la poesía de Lezama. Me parece que sus opiniones, dirigidas al mismo autor en carta y no mediante comentario indirecto publicado en reseña o estudio, hablan por sí mismas y, por debajo de la natural amabilidad habitual en las relaciones epistolares, pone los puntos sobre las íes en esto que últimamente se debate a partir de mi crítica de la edición de envoltorio tan hermoso de la Poesía completa de Lezama, en la que –se trata de mi opinión– es mejor el papel que lo envuelve que el caramelo, empalagoso y con sabor extravagante para mi paladar.
Decía Cernuda al cubano: “Hace tiempo que quería escribirle, y darle las gracias por el envío de Analecta del reloj, su libro tan inusitado en cualquier tierra de habla española, admirable y diabólicamente hermético. Pero no es usted autor de lectura, no digo ya fácil, ni siquiera difícil, sino recóndita, y exige tanto empeño y concentración como su trabajo ahincado y reconcentrado merece.” Añadía que acababa de estar con Octavio Paz y que tanto el mexicano como él sentían “muy vivo interés por sus escritos”. Y que él, Cernuda, sintió admiración y extrañeza al leer el estudio de Lezama sobre Góngora al publicarse en Orígenes. Las líneas que siguen vuelvo a reproducirlas en su integridad por lo valiosas que me parecen en esto de la poesía de Lezama:

No crea, al oírme estas palabras de “extrañeza”, “hermético”, recóndito, en prejuicio alguno. Trato de reconocer una cualidad suya o reacción de lector mía, nada más, sin que ello represente opinión favorable o desfavorable.
Es que usted, querido Lezama, no concede ventaja a priori al lector. Y como ocurre en el poeta, sus escritos en verso y prosa  corren paralelos y el mismo pensamiento, aunque en distinto medio, se enfrenta en uno y otra. No exige usted menos del lector cuando le habla en verso que cuando le habla en prosa.

Finalmente, antes de pasar a otro asunto, Cernuda declaraba, y yo creo que en clara oposición a la poesía: “No sé si decirle que prefiero los dos estudios sobre Garcilaso y sobre Góngora.” Yo, y con casi rubor por adosar el mío a esos nombres, tengo también en más estima la obra en prosa de Lezama que sus versos. Lo cual no quita para que en estos, como ha quedado de manifiesto en el debate mantenido estos días pasados, halle momentos felices y fogonazos intermitentes a los que el “ruido” de tanta iluminación eclipsa.
            He citado a Cernuda. Un poeta que él admiró y que yo admiro, Yeats, a quien he traducido por extenso, tiene una obra también amplia y variada. De ella no es el oscuro “Letra para música, quizá” lo que me parece más estimable, ni el galimatías en prosa Una visión, sino poemas memorables como “Un aviador irlandés prevé su muerte”, “Plegaria por mi hija” o “Meditaciones en tiempo de guerra civil”, por no hablar del hipnótico y mágico “El sueño de Aengus”. Pero lo más hermético de Yeats (muy diferente de lo hermético de Lezama) no invalida la altura del irlandés, que es a su vez profundidad. Sigo manteniendo que no me parece un gran poeta Lezama, como he descubierto gracias a mi crítica que es opinión extendida entre muchos, como también son numerosos, hay que reconocerlo,  los que la aprecian e incluso, en algún caso, idolatran. Ello no le resta grandeza como autor en conjunto, prodigioso creador de Paradiso y artífice de revistas, impulsor de movimientos y ensayista. Si no creo en el maniqueísmo en la vida en general, tampoco hago artículo de fe de las opiniones literarias, y no me niego en redondo a ver virtudes parciales en el protagonista u objeto de estos párrafos. Cierro con Cernuda, con quien empecé: hay quienes valoran más su época surrealista y los que anteponemos la de libros como Las nubes o Como quien espera el alba. Depende de gustos y afinidades. Ahora bien, hallo en el Cernuda más irracional elementos menos arbitrarios y gratuitamente floridos que en Lezama. Será por eso que el autor de La realidad y el deseo sí me parece un gran poeta y el de Dador no.



sábado, 11 de febrero de 2017

Juan Eduardo Cirlot contra los molinos de viento



Pronto hará un año que se fallaba el Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2016, que obtuvo -los premios los ganan los libros, uno es solo su partero- mi trabajo Cirlot. Ser y no ser de un poeta único. Publicado por la Fundación José Manuel Lara, la obra me ha deparado muchas satisfacciones (la principal, sin duda, y previa a la edición, escribirla). Hace unos días Culturamas ofrecía esta reseña de José de María Romero Barea por la que le estoy muy agradecido.

viernes, 10 de febrero de 2017

Sísifo en Cartagena




Juan de Dios García (Cartagena, 1975), codirector de la revista digital de literatura El Coloquio de los Perros, ha publicado hasta la fecha tres cuadernos y dos libros de poesía. En Balduque ofrece ahora el muy recomendable Un fotógrafo ciego, donde adopta la figura mitológica (y también camusiana) de Sísifo, que entra y sale de los poemas, dotándolos de unidad. De la antigua Grecia es también el motivo de uno de los poemas más brillantes del conjunto, "La última tentación", donde recrea una vez más (de nuevo y en su caso novedosamente) lo versificado por Homero:

Volver del revés las historias que has leído.
La Odisea, por ejemplo. 
En mi versión, el capitán ordena a los remeros
que arranquen sus tapones de cera
y rompan las cuerdas que le atan
para gozar a las sirenas.
Todos deberíamos morir
como esa hipótesis de Ulises,
abrazando.

Hay ideología política (sí, aparecen las palabras capitalismo y revolución), pero esta no lastra en absoluto los poemas, sino que es viento en sus velas, no áncora que los inmovilice impidiéndoles el movimiento. "Deconstrucción" es un buen ejemplo de poema en el que el yo del ayer dialoga con el presente, exigiéndole cuentas (me ha recordado el poema "Antiguos alumnos" de José Emilio Pacheco: "Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los 20 años"). Juan de Dios García compara al sujeto poemático con "políticos y otras celebridades": 

tú también tienes una hemeroteca 
que te desdice cuando se le antoja.
Nunca podrás quemarla. 
                                        Vive en ti.
Y morirá contigo.


    Es un libro breve Un fotógrafo ciego. Que en él haya una decena de muy buenos poemas es un gran logro.


jueves, 9 de febrero de 2017

¿Libre?




¿Libre? ¿Libre? Cuánto daño ha hecho esa errata. Lo importante es que el verso vibre. Repito: el verso vibre.

miércoles, 8 de febrero de 2017

José Infante de cuerpo entero





Publicada originalmente en 2008 y ahora aumentada con una selección de los libros posteriores y la inclusión íntegra de su último libro (La libertad del desengaño), Elegías y meditaciones (Vitruvio, 2016) es una amplia antología del poeta José Infante, premio Adonáis en 1971 con, precisamente, una obra titulada Elegía. Infante tuvo la amabilidad de regalarme un ejemplar de este extenso florilegio durante mi última visita a Málaga con motivo de la presentación del número 8 de Estación Poesía, el pasado otoño. He leído ahora el volumen, y la experiencia, para alguien que solo había leído poemas sueltos del autor y completa su entrega más reciente, ha sido mucho mejor de lo que, confieso, adivinaba. Lo cual siempre es un motivo de gozo.
     Lo que he descubierto es un poeta que tiene mucho de Cernuda y de Brines en el tono grave y reflexivo, realzado por una dicción casi siempre clásica, con predominio del verso más propio de esta vena, el endecasílabo blanco (aunque en sus inicios empleara profusamente versos más largos). Pero también un poco del lujo verbal de los poetas de Cántico, con Pablo García Baena a la cabeza. Menos me interesa la faceta gay de bares y discotecas, y la frecuentación de cuerpos más o menos mercenarios, o las noches de Cuba o Chueca, aunque este es un contexto muy capaz de subrayar lo vacuo, lo decadente, el declinar del cuerpo con lo que ello tiene de motivo de, una vez más, la elegía.
     Hay poemas muy valiosos en esta antología que cubre cincuenta años de creación. Por su contención, y por su sintonía con lo elegíaco, a lo Gray, destacaría los muy hermosos "Epitafios galeses" de El don de lo invisible. Constituye el conjunto unas como glosas o desarrollos de unos sucintos textos lapidarios en inglés leídos en un cementerio de Cardiff. El quinto de ellos reza:

Sólo confié en ti.
Me desnudé y estuve herido, solo, 
a la intemperie de tu voluntad.
Como en un sacrificio,
mi cuello fue tu arbitrio, tu palabra.
Siempre estuve pendiente del silencio.
De tus caminos mis pasos fueron huella.
En t me confundí. Ahora estoy solo.

Es el VII también muy hermoso, pero pocas composiciones en el volumen tan bellas y sobrecogedoras como el planto que Infante dedica a su madre en La arena rota: el extenso "El cántico de las ruinas". Las tiradas de versos sangrados son una punción, un contrapunto que realza la endecha, con la expresión recurrente, y con variantes: "¿Cómo hablar de la muerte, / si la vida eras tú?"
     

martes, 7 de febrero de 2017

Días de viejo color




Fran G. Matute es uno de los tipos más valientes que conozco. Tras una carrera brillante en una firma internacional de asesoría, siempre trajeado, encorbatado, decidió bajarse de ese tren y reinventarse como persona del común, con vaqueros y zapatillas, con la libre disposición de su tiempo, que tan generosamente presta a otros. Ya por aquel entonces era uno de los miembros más activos de Estado Crítico, pero hay que decir que es desde hace ya mucho tiempo su alma, su organizador, su cabeza -aunque entusiasta- fría. Ahora Matute, después de colaborar también en Jot Dow o El Cultural, se estrena como autor de un libro estupendo del que no conozco precedentes.
     Articulado con una serie de entrevistas que no tienen desperdicio, el autor recorre más de cuarenta años de lo que él llama la "Andalucía pop". Si hubiera dicho la "Irlanda tradicional", algo sabría yo de eso, pero como no es así he aprendido mucho con su libro, en el que hay arte, música, tendencias y también literatura. Una de las entrevistas es con Juan Cobos Wilkins, director que fue de una revista extraordinaria hecha en Huelva: Con Dados de Niebla. Tengo la colección casi completa en casa. De ella es esta cubierta con ilustración de Pablo Sycet reproducida en el excelente despliegue gráfico del volumen. En lo literario aparecen también Fernado Quiñones, Alfonso Grosso y los "narraluces", el teatro de Sálvador Távora y Paco Lira... 
     Días de viejo color se presenta mañana miércoles 8 de febrero a las 19 h. en el CICUS (Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla). Participarán con el autor Daniel Ruiz García y Mercedes de Pablos.