viernes, 30 de septiembre de 2016

Nuevas notas sueltas (II)



Traducir es echarle un pulso al autor. Ya sabes quién va a ganar, pero te gusta ver cómo saca músculo, le tiemblan las sienes y comprobar que, aunque venza, tú has sido necesario para su victoria.

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En España, uno de los países más al Oeste de Europa, nos encanta un linchamiento como los del otro Oeste, el salvaje. Un periodista ha sido condenado a pagar 20.000 € por insultar a un político, y hoy corren por las redes muchos y más acerados insultos de los partidarios de este contra aquel. Si todos los que lo insultan fueran condenados a la misma indemnización, el periodista ese se haría no rico, riquísimo.

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Recibo tantos libros que solo en abrir los sobres se me va la vida. Menos mal que algunos, eso sí, me la devuelven.

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Hoy he presentado una factura, y cuando me han dicho que la pagarán la semana que viene he pensado que me había equivocado de género y que lo que había escrito era en realidad ciencia ficción.

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Todas las ciudades son Troya. Caballos, los coches de alquiler, los autocares, los aviones, los trenes.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Nuevas notas sueltas


Vencer al calentador de agua apagado y salvaje: meter en sus entrañas la llama como una lanza de punta de pedernal en el vientre de un mamut. Hoy es hace diez mil años. No dibujo esto en la pantalla: es en la pared de la cueva donde lo escribo.

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En manos de un editor doblado de narrador, la novela de las pesquisas para localizar al titular de un copyright puede ser superior al libro que se quiere editar.

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Estoy reescribiendo el mundo. Ya voy por la letra B.

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Salvada una pequeña salamanquesa que se había colado en casa, creo que he cambiado el curso de la vida en el planeta. No, no se extinguieron los dinosaurios. Pero si es así, ¿entonces soy yo el que no existe?

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Una fiesta mudable, el año no empieza en enero sino con la primera lluvia de septiembre. Hoy se ha bautizado: se llama Otoño.

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Cuando los conciertos tardan mucho en empezar, la esperanza que te queda es que los músicos hayan tenido la dignidad de ahorcarse con  las cuerdas de sus guitarras.

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Escribir "global" por "mundial" y tener cabeza de chorlito es todo uno.

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Hay personas que no fallan, siempre infalibles en el error.

                                          

martes, 27 de septiembre de 2016

Francia, junio de 1913






La editorial Fórcola ha publicado con prólogo de Ignacio Peyró y traducción de Amelia Pérez de Villar unas estupendas Crónicas de la Primera Guerra Mundial de Rudyard Kipling. Yo he vertido para la ocasión un poema del autor de "Si" que abre el volumen. Se trata de un centenar de versos en torno a la vieja enemistad de Francia con Inglaterra, pero también un canto a sus alianzas y destinos comunes. Dejo aquí algunos versos del tramo medio de la composición:

Cada una en la copa de la otra
vertimos sangre y lágrimas mezcladas,
alergias brutales, vastas esperanzas,
miedos intolerables: todo lo que ensució o sazonó
la vida por mil años. Más allá
de la necesidad de someter a prueba,
probada nuestra igual en todas partes,
oh compañera, ¡qué grandeza
la nuestra en el transcurso de los siglos!


lunes, 26 de septiembre de 2016

En Cosmopoética





El martes 27 de septiembre hablaré de Juan Eduardo Cirlot en el homenaje que con motivo de su centenario se celebrará en Cosmopoética. Toda la información, aquí.

domingo, 25 de septiembre de 2016

El vuelo de la ceniza






No conozco a Joan Payeras (Palma, 1973). Acaso su nombre me suene vagamente como poeta, pero no he leído nada de lo que ha publicado anteriormente: tres libros de poesía en castellano y algún relato. En catalán, en la mallorquina Sloper, acaba de salir su poemario El vol de la cendra en edición bilingüe, El vuelo de la ceniza. Y me ha gustado: trataré de seguir leyéndolo en cualquiera de las dos lenguas. Destacaría los poemas 6, 15, 17 y 21. El primero de estos, que trata del descubrimiento de un libro, dice así:


Avui he vist un home amb un llibre.
Tan sols ens separaven unos pocs metres,
i jo provava d’endevinar el títol,
o reconòixer a un autor
a la fotografia en blanc i negre,
però hi havia els caps, i les motxilles,
i la pols aixecant-se
com una boira aferradissa.

No li he demanat.
El sol s’amagava,
com un infant que juga entre les runes.



Hoy he visto a un hombre con un libro.
sólo nos separaban unos pocos metros,
y yo intentaba adivinar el título,
o reconocer a un autor
en la fotografía en blanco y negro,
pero estaban las cabezas, y las mochilas,
y el polvo levantándose
como una niebla pegadiza.

No se lo he preguntado.
El sol se escondía,
como un niño que juega entre las ruinas.




sábado, 24 de septiembre de 2016

Un poquito de autobombo



Salió este verano en Babelia la crítica doble que Ángel Luis Prieto de Paula escribió de la novela póstuma de Cirlot y de mi biografía sobre el barcelonés. Si alguien está interesado, he aquí el enlace.



viernes, 23 de septiembre de 2016

Londres


Pádraic Ó Conaire

Hace ya más de un año que no volvemos por Londres, ciudad a la que le va bien ese falso plural como el de los Madriles, por los muchos distintos que alberga. La última vez fuimos a un porrón de conciertos, uno de los cuales fue de Paul McCartney. Lo recordé la otra noche mientras veía el muy recomendable documental sobre The Beatles Eight Days a Week. El mismo fin de semana estaba leyendo un libro importante para la prosa irlandesa del siglo XX, sobre uno de tantos emigrantes, irlandeses o no, que llegaron, y llegan, a la vasta urbe. Aquí, la impresión del protagonista:



“Londain arís! An chathair mhór uafásach úd atá ag síorshíneadh na ngéag leis na daoine atá i bhfoisceacht na gcéadta míle di á tharraingt chuici dá mbuíochas, agus lena ndéanamh ina cosúlacht féin, lena slogadh, lena n-alpadh, lena n-athchumadh.”

“¡Otra vez Londres! Aquella espantosa metrópolis que está de continuo extendiendo sus ramas con la gentes que se avecindan en ella por cientos de miles, y que se lo agradecen, y a las que hace a su semejanza, devorándolas, engulléndolas, transformándolas.”


Deoraíocht (Exilio, 1910), de Pádraic Ó Conaire (1882-1928)

jueves, 22 de septiembre de 2016

El amor de Efraín Huerta




La nueva editorial Ultramarinos, bajo el impulso de Julia Echevarría, Unai Velasco y Víctor Balcell, ha comenzado con paso firme publicando pocos pero selectos títulos. No se me ocurre mejor manera de empezar. Uno de los títulos con los que se estrena el proyecto es Los eróticos y otros poemas, del mexicano Efraín Huerta (1914-1982).  José Emilio Pacheco escribió en un texto que se incluye junto a otros como apéndice en esta ejemplar edición: «Nunca antes había llegado El Poeta a una subversión tan radical del discurso poético, a una degradación tan alegre y tan dolorosa de la entrañable, de la amada poesía. En su inmediatez, su agresividad, su desacralización, en su empleo magistral de todo lo grotesco y lo absurdo que deforma nuestras vidas, El Poeta critica la realidad al criticar lo que es más suyo: la poesía.»
     No es solamente poesía amatoria. También están presentes las ideas comunistas de Huerta, que se quedó en un tris de venir con el grupo de mexicanos que en 1937 recorrió España en plena guerra civil. Todos conocemos los desastres del comunismo, pero habría que ser completamente insensible para no reconocer las tropelías que este denuncia. En una serie de poemas escritos en Cuba, Huerta dedica uno a Roberto Fernández Retamar sobre un hotel, "El Colony":

   Los siniestros tycoons con cara de zapato pecoso
   lo planearon y construyeron para su alcohólico week-end

   Costó una escamita de la serpiente Wall Street
En los "Poemínimos, algunos entrecortados hermanos del epigrama, como "Ay poeta", fechado en 1969, donde la autoironía se mezcla con el alcance social y político:

   Primero 
   Que nada:
   Me complace
   Enormísimamente
   Ser 
   Un buen
   Poeta
   De segunda
   Del
   Tercer 
   Mundo.
     


     "Redil", "Recado" o "Desconcierto" son buenas muestras también de este tipo de poesía, en la que no se agota la varia riqueza de este libro, editado con prólogo de Emiliano Delgadillo, y que puede ser una excelente puerta de entrada para uno de los grandes poetas de México.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Un pulso


Traducir es echarle un pulso al autor. Ya sabes quién va a ganar, pero te gusta ver cómo saca músculo, le tiemblan las sienes y, aunque venza, tú has sido necesario para su victoria.

martes, 20 de septiembre de 2016

Relatos turbadores





Relatos, que no historias, las de este libro, porque para que alcancen esa condición de lo turbador, el efecto desasosegante, es importante no solo el suceso en sí sino sobre todo la manera de contarlo, de relatarlo: la elección de palabras, modos, elipsis, que un buen narrador ha de emplear para conseguir la justa temperatura y cocción de una materia prima que, sí, ha de ser buena en origen pero puede malograrse con una manipulación indebida.
     Valeria Correa Fiz debuta en el género con La condición animal (Páginas de Espuma), pero no es bisoña: hay mucha sabiduría narrativa aquí, del primer cuento al último. No importa que en aquel, "Una casa en las afueras" se produzca una inverosímil aparición de "una rubia oxigenada" porque la sorpresa está en otra cosa; no importa que en este, "Criaturas", haya un argumento de fondo, una situación, que recuerda a Los pájaros (más que a la película, a la novela corte de Daphne du Maurier que la inspira), pues lo sustantivo es otra cosa. Bellísimo, delicado y de maquinaria de reloj suizo -copiada en el Japón- es "Las invasiones". Breve, desvaído, adivinado como uno de los acertijos anglosajones del Libro de Exeter que gustaban a Borges, "El mensajero".
     Una voz interior que toma las riendas de la vida de un protagonista, diferentes pulsiones que van de la violencia al sexo.  Todo ello con el común denominador del mundo animal, que es decir bajo el imperio de los instintos. De lo salvaje e indómito. Y problemas de identidad, que esto es patrimonio único de los humanos salvo en esos casos de cachorros huérfanos a los que cría una madre postiza para congratulación de los que asisten como espectadores del milagro en un vídeo.
     Correa Fiz se fija en el envés de las cosas, en las grietas que se abren en lo ordinario, y presenta sus invenciones con un lenguaje preciso y a la vez sugerente que gana acaso con sus argentinismos. Analizar estos relatos es tarea de críticos; un lector que comenta no debe más que resaltar su calidad y compartir -aquí lo hago- el descubrimiento.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Hojas retoñadas




La palabra hojarasca alude a una masa informe de hojas desprendidas, muertas. Pero este libro póstumo de José Luis Parra (Madrid, 1944-Valencia, 2012) está lleno de vida, aunque sea una vida otoñal, que sabe que se apaga. Seleccionados por Susana Benet de los aproximadamente 500 haikus que escribió Parra, vienen a completar cabalmente la imagen de un poeta del que aún queda algún inédito: Estación Poesía publicará en su número 9, de invierno, uno espléndido gracias a los buenos oficios de la propia Benet. El libro incluye, además, una cuarentena larga de poemas breves, más o menos con la forma de la tanka.
     Agudo observador, Parra sabía capturar la magia de lo cotidiano, así fuera en una calle o en casa o el bar (donde llegó a pasar muchas horas que quedan aquí fijadas en no pocos de estos versos). Ya en la primera página, este pequeño milagro sorprendido:

En el mercado,
revuelta con la compra
luz regalada.

Lo transitorio de todo, como esa hojas del título que lucieron lozanas en los árboles y ya son materia para el rastrillo o el escobón  cuando no para la incuria de la descomposición, muestra su fea cara en este otro haiku:

¡Qué bello día!
Pero no se detiene
aquí, hoy, ahora.

La amargura es un destilado que Parra bebía a grandes dosis, y se nota en muchas de las composiciones, donde el beber no es un reino sino un exilio, o donde la aparente salvación es en realidad una amenaza:

No huyas, conejo.
Tiene tu madriguera
boca de hurón.

No obstante, hay refugios: el amor y una ternura que atemperan la acritud de otros momentos. Cierro esta breve nota, que quisiera ser una recomendación de lectura, con una tanka muy hermosa:

Marco tu número
con dedos ateridos.
Es muy temprano.
¡Qué cálidos de pronto
al entrar en tu sueño.

Como se ve, con su tensión con esa cernudiana lucha entre realidad y deseo, está muy en la línea de lo que sugiere el título de su imprescindible antología en la misma editorial Renacimiento: Cimas y abismos (2012).



domingo, 18 de septiembre de 2016

Una entrevista


Hablé hace unos días con José Antonio Muñoz, de Onda Regional de Murcia, acerca de la biografía de Cirlot. Se puede escuchar aquí.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Tartesia linda




Juan Ramón Jiménez amó Sevilla, y precisamente de una seguidilla en la que unía los nombres de su localidad natal y de la capital hispalense procede el título de este libro -estupendo- de la experta en JRJ Rocío Fernández Berrocal:

Como soy de Moguer 
y de Sevilla,
canto mis ilusiones
por seguidillas.

Por seguidillas
canto mis ilusiones,
Tarsesia linda.


     Y a recorrer Sevilla con el poeta se dedica en las 164 páginas de este libro editado por la Biblioteca de Estudios Sevillanos del ayuntamiento de la que JRJ llamó "capital lírica de España". Como se ocupa convenientemente de espigar la autora, el moguereño llevó su experiencia sevillana (aquí fue estudiante) a no pocos lugares de su gran obra. Por ejemplo, hace cien años, en 1916, escribió unas "pájinas sevillanas" cuando pasó por Sevilla en compañía de Zenobia Camprubí para embarcar embarcar desde Cádiz a Nueva York en la travesía que daría lugar a Diario de un poeta reciencasado. En una de ellas, le dice a Zenobia: "A Sevilla le echo los requiebros / que te echo a ti."
    Tras la primera parte, en que reconstruye la biografía sevillana de JRJ, Martínez Berrocal desglosa las paradas de ese paseo, a modo de guía literaria: la Casa de los Artistas, en la calle Feria, la machadiana calle Dueñas, la casa natal de Bécquer, la plaza Nueva con el Hotel Inglaterra, la Giralda... Cuando el calor afloje recomiendo seguir este itinerario aun a riesgo de comprobar lo mucho que se ha perdido desde las estancias del poeta en Sevilla, pero con la seguridad de que en lo sustancial se trata del mismo paisaje, transfigurado en los versos y las prosas del libro.