lunes, 4 de junio de 2018

sábado, 2 de junio de 2018

Fulgor de los espejos




Llegó a librerías hace pocas horas. Y ya de nuevo puede decirse que Felipe Benítez Reyes lo ha vuelto a hacer: ha entregado uno de esos libros redondos a los que acostumbra a sus lectores. En Ya la sombra, estos hallarán las simetrías, los espejos, las paradojas que son una constante de la obra del autor roteño, y que tienen algo de Borges y de Pessoa pasado por Manuel Machado (de hecho, el libro se abre con un poema en alejandrinos asonantados que es muy del poeta sevillano, hermano mayor de Antonio) y que encierra el espíritu del volumen: "En todo pensamiento se esconde una tiniebla, / como en toda emoción una sombra de duda."
     Puestos a destacar, me quedo con composiciones como "Playa de enero", con "ese mecanismo misterioso, de cálculo y azar / que rige el universo y esta página." También con la siguiente, variación de aquella, donde sale a relucir, y a deslumbrar, una enumeración caótica muy del autor de El oro de los tigres (hay otra en "El bazar subacuático"). Los homenajes son numerosos y polimorfos, no siempre explícitos. Imposible no recordar al enorme Luis Rosales de "Autobiografía" cuando se leen esos versos de "Estampa con lluvia": "difícil de vender bajo la lluvia, / como por ejemplo / miniaturas de caballos de cartón."
     Todo en FBR tiene matices, sombras, claroscuros, expresiones de lo dubitativo. De este modo, un verso tan metafísico y hamletiano como el que sigue queda en entredicho por esa palabra que lo sigue y con la que se cierra el poema: "a este ser del no ser de ser nosotros, / aproximadamente." Duda, zozobra que sin embargo se hace precisión, rigor y exactitud a la hora de dar con imágenes certeras, como esta de una invocación a la lluvia: "Danos tu melodía elemental, tus cascabeles líquidos."
     Juega también, con pericia acreditada, FBR con las formas. Muy logrado y llamativo es el soneto isabelino "tuneado" que atiende al título de "Cíclica", donde hay, sí, tres serventesios y un dístico final, pero también algunos versos intrusos, codas o estribillos. Y hablando de coda, que espléndido el último verso de este Ya la sombra, casi un epitafio: "Ya no es tuyo ni el tiempo que robaste." Sí, Felipe Benítez Reyes lo ha vuelto a hacer.

lunes, 28 de mayo de 2018

jueves, 24 de mayo de 2018

Peixoto entre nosotros



Otro artículo sobre traducciones en la serie que estoy publicando en Letra Global desde hace unos meses. Se puede leer aquí.

sábado, 19 de mayo de 2018

Mar sin náufrago



Comento en el número de mayo de Cuadernos Hispanoamericanos el libro más reciente de Juan Villoro. Se puede leer en este enlace.

viernes, 18 de mayo de 2018

Sucederá la flor





Jesús Montiel es uno de nuestros poetas jóvenes más interesantes. A él le parecerá que nacido en 1984 ya no lo es (hablo de la edad, no del interés) y se apesadumbrará, pero a alguien que lo supera en algo más de veinte años no se la va a dar con queso: Montiel sigue siendo joven se ponga como se ponga. Es premio Hiperión, nada menos, y cuenta ya con varios títulos en su haber. Sucederá la flor es la narración lírica, en prosa, de la grave enfermedad de su hijo de dos años, de una leucemia que superó. Por esta feliz circunstancia solo comparte algo, siendo mucho y hondo, de libros de pérdidas de hijos como son Mortal y rosa, de Francisco Umbral, o, más recientemente, La hora violeta, de Sergio del Molino, donde los padres dan testimonio de su terrible orfandad, tan sin nombre que carece de palabra que la designe en casi todas las lenguas del mundo. 
      Erika Martínez observa atinadamente en su prólogo: "Resulta insólita una atención tan concreta al cuerpo de un niño. Su apuesta sin pudor por la ternura, la delicadeza. Su capacidad para decir sin amaneramientos amor y poesía, Dios." Es un relato duro, en cuya primera página ya leemos: "Érase una vez, de pronto, tu enfermedad." Cuesta trabajo proseguir terminado el primer capítulo, pero hay un atisbo de esperanza que invita a no cerrar la puerta y continuar la lectura. Y no se arrepiente uno. De hecho, pocas páginas después encuentra esta frase: "La esperanza fue tu verdadera sangre, la verdadera quimioterapia."
     Sucederá la flor es un libro breve y muy intenso, en el que hay belleza, reflexión, rebeldía, una gran capacidad de observación y también de transformación de esta en palabra justa, ya sea sobre la sociedad, ya sobre la devastación de las almas: "Mira, ese mirlo lo explica todo mejor que yo. Hace un tiempo desapacible. Los árboles se agitan tras la ventana, duchados por una luz oblicua. Lleva diez minutos en la rama, esperando a que escampe. Pero canta. Mientras espera canta." 

miércoles, 16 de mayo de 2018

martes, 15 de mayo de 2018

miércoles, 9 de mayo de 2018

Un poema inédito



PREMORDIMIENTO

Ese arrepentimiento que precede
a la comisión del delito,
la convergencia en un instante
de todos los temores y las dudas.

El deseo adereza la agonía,
el vértigo es la sal de los pecados.
Lo que fugaz despacha
la alcoba en la que aguarda lo cumplido
queda al final de un muy largo pasillo
en que las ratas roen los talones.

Donde la luz gozada,
con larguísima sombra la conciencia
pone sus huevos.
Las larvas del dolor abren sus ojos
cuando la dicha cierra,
un parpadeo solamente,
los tuyos.

Quien no conocerá tu indignidad
ya la contempla
bajo el foco que pone tu zozobra
en la pista del circo en que esta tarde
el domador es pasto de los tigres.

Nadie sabrá de los ultrajes
a los que tú a ti mismo te sometes
en otros
manchando sin testigos a tu alma.

El breve gozo
lo juzga un tribunal que delibera
en sesiones sin cuento
que estiran la tortura:
los miembros de un jurado que ya dicen,
firmando el veredicto, tu sentencia
signada por tu rúbrica temblona.

Un novelista
de éxito que cobra un anticipo,
guardas el adelanto de tu crimen
junto a tu pecho
con monedas que acuña la esperanza

de que logres un día lo que temes.

martes, 17 de abril de 2018

El señor Watanabe





Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977, pero residente desde hace mucho en Granada) es uno de los escritores más brillantes que conozco en los varios géneros que cultiva, en los que une de manera natural algo que suele darse por separado: la inteligencia y la sensibilidad. Este año ha publicado su sexta novela, Fractura, como las anteriores en Alfaguara (obtuvo el premio de la casa con El viajero del siglo). Es una historia larga (también lo ha sido su gestación), que recorre la vida del protagonista, un tal Watanabe, japonés aunque también hubo un excelente poeta peruano de ese apellido, desde su infancia marcada literalmente por las explosiones de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki hasta la actualidad con el accidente de la central nuclear de Fukushima. Entreverado con ello, un ramillete de testimonios en primera persona de las mujeres que han compartido algún tramo de la vida de Watanabe, en monólogos que matizan, retratan al personaje central. Neuman se ha ocupado de que cada una de ellas tenga voz propia, algo particularmente distinguible en las dos que hablan español: la bonaerense y la madrileña. 
     Hay en la novela indagaciones sobre la ciencia y la tecnología, sobre la organización social, las relaciones de pareja, la dignidad, la historia. También hay poesía, en la propia narración a veces y en el buen puñado de poemas que Neuman traduce para la ocasión. Asimismo, y esto es algo que se la da particularmente bien al autor, lo que podrían ser aforismos, engastados en la narración. Por ejemplo, estos renglones que tratan también de una de las preocupaciones de la novela, lenguaje, la traducción: "A través de esas dulces torpezas, yo trataba de imaginarme cómo era su idioma. Más que hablarlo por mí misma, deseaba deducirlo a través de él. Fui descubriendo que es posible iniciarse en una lengua gracias a los errores que sus hablantes cometen en la nuestra. Igual que en el amor, los errores hablan de nosotros más que los aciertos." Igualmente, y en alusión al título: "Todas las cosas rotas, piensa, tienen algo en común. Una grieta las une a su pasado."
     Sobrecoge el recorrido de Watanabe por el paisaje espectral de la prefectura más afectada por el accidente de Fukushima, también la entereza de algunos supervivientes, que tendrán sus fracturas, sus cosas rotas, pero que desde mi mundo occidental comparo a los protagonistas de una balada irlandesa, y que me parece, entonces, que están magullados mas no rotos. En el inglés aliterativo, bruised, never broken. Lo cual me hace pensar también que, con Watanabe, el protagonista de Fractura es el tiempo. Él sí que mella.  Neuman ha sabido recomponer las piezas de la historia dejando visibles sus grietas con ese polvo de oro que en el Japón restaña subrayando las fisuras, las heridas, las cicatrices. Una excelente novela.