lunes, 28 de enero de 2008

Cuatro poemas de Renée Vivien


La poeta Aurora Luque ha publicado recientemente una traducción de la poesía de Renée Vivien, que por suya adivino excelente. Hace veinticino años yo también puse en español una brevísima muestra de esta poeta nacida inglesa pero que escribió en francés. Como permanecía inédita, la traigo aquí a este presente continuo en el que, en sólo tres días, se ha ha convertido ya este blog.

ESPERA

En esta estancia, ya sin confidencias,
nuestros jazmines de ayer ya no aroman...
Solamente para ti me he vestido,
para ti sola he soltado mi pelo...

He escogido joyas... ¿Te gustarán?
En mi inquieto corazón estás tú...
¿Cómo me verás? ¿Qué me dirás tú,
amiga, al cruzar mi umbral al ocaso?

Habrá lluvia de violetas y de algas
cruzando el ventanal verde y violáceo...
Saboreo la angustia de esperar
la dicha que vendrá cuando anochezca.

Silente espero la hora que he soñado...
La noche con su manto oscuro y claro...
Mi alma infinita esparcida en el aire...

Está templado, y ha salido la luna.



PROFESIÓN DE FE

Abril y el agua, la luna y el arcoiris:
amo todo lo que cambia, engaña y huye.
Mi risa es inconstante como el hado,
y miente pues que soy hija de la noche.

Y la noche ve en mí a su dulce hija,
me hace venir a los dormidos bosques
y me otorga el oído con que escucho,
como en sueño hondo, pasos enemigos.

Siempre fue para mí magna y clemente,
de ella aprendí las sendas de la huida,
ella amortigua el ruido de mis pasos
por las sombras, como un recuerdo, dulces.

De ella adquirí el desprecio por la prisa,
el ojo esquivo, el santo horror al ruido...


SONETO A LA MUERTE

Espero, ¡oh Bienamada!, oh jovial virgen
que alumbras con tu frente nuestra noche,
tu himen con blanquez de una eterna ternura,
tu abrazo de amor, hondo y sutil.

Llenarán nuestro lecho flores trémulas
y clamará la nupcial ebriedad
el órgano, y como un lirio infecundo
tú palidecerás entre las sombras.

La paz de los altares arderá;
lágrimas e incienso, epitalamios
y oración se alzarán hasta nosotras.

Aunque sea de día dormiremos
con un sueño letárgico de esposos,
y no temerá al alba nuestra noche.


EN LAS NOCHES FUTURAS

¡No! En las noches futuras de rosas y de llamas,
misteriosas como templos hindúes,
nadie sabrá mi nombre, ni vosotras
repetiréis mi verso, ¡oh bellas jóvenes!

Ninguna de vosotras tendrá el dulce capricho
de añorar el amor de una amiga imposible,
ni pedirá ansiosamente, en voz baja,
el beso irresistible de mis labios de amante.

Buscaréis el amor, perfumadas y tiernas,
andando hacia el futuro con pasos indecisos,
y no habrá ya ninguna que se acuerde
más de mí, que tanto os habría amado.



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