miércoles, 30 de enero de 2008

Himnos de Mercia


A esta máquina del tiempo hoy acude un poemario en el que hallo monedas y restos antiguos, metales que entre sí se enganchan como cotas de mallas del tesoro de Sutton Hoo.

Geoffrey Hill lo publicó en 1971 en una prosa poética que rinde vasallaje a un rey anglosajón del s. VIII, Offa, y es fiel al mundo de la segunda mitad del siglo XX, entremezclando ambos. Dos décadas después de hacerlo por vez primera, retomo el mismo florilegio de iniciación al inglés antiguo que usara Hill y me sumerjo en aquellos primeros pasos torpes, como de quien viste armadura, en el alba de Inglaterra.

Entre páginas del rey Alfredo y pasajes de la Crónica Anglosajona, junto a versos de “El navegante” o adivinanzas, reencuentro las glosas de las que Hill toma el título de su obra y, caprichosamente, algunos motivos. Es el suyo un libro por el que campan los anacronismos, y en el que junto a una retahíla de batallas aparecen vendedores de automóviles. Qué embarazoso es confesar que uno sabe más de la de Catraeth, por ejemplo, que de algún modelo de coche que se cita. Pero hablaré de lo que conozco: Seamus Heaney empleó también una figura altomedieval, el loco Sweeney, en una versión y luego en poemas propios; y Ted Hughes hizo una operación similar a la de Hill cuando en Restos de Elmet enfrentó los orígenes de otro reino anglosajón con la sociedad postindustrial.

Publicado ahora en la editorial DVD, Jordi Doce y Julián Jiménez Heffernan han sido buenos scopas, bardos, en la presentación y traslación de este libro difícil, un panegírico que es también sátira. A Borges le hubiera interesado.


(Publicado en Mercurio, 86, 2007)

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