domingo, 27 de enero de 2008

Poemas en Revista de Occidente, número 320, enero de 2008

ANTONIO RIVERO TARAVILLO

4 POEMAS


IMPROMPTU


Estoy en la sala de las libaciones.

Antes de pagar el tributo,

mientras viene otra pinta y me destrozo

el hígado, como una flota vikinga

un puerto de la costa de Northumbria,

garabateo unos versos en la página

satinada en que Cambridge University Press

da sus novedades sobre “Anglo-Saxon England”.

Apurando los últimos sorbos

veo que Los Himnos de la Iglesia Anglosajona

(un estudio y edición del Himnario de Durham)

acaba de salir. Ya publicados

o en ediciones de rústica flamante,

dos apócrifos en inglés antiguo

y su fuente manuscrita. La rubia

camarera trae mi vaso y se lleva

muy lejos mi corazón: a su alma

de doncella del siglo IX.

Me hiere

la absurda realidad cuando cruzo la puerta.



LOS PASEANTES


De ocho a tres trabajan; por la tarde,

sacan su ocio al jardín o a nuevas obras.

O con lenta demora, paseando,

doran la tez junto a lustrosos perros.

Los trasluce mi seto ralo, el aire

de finales de mayo, los barrotes

del largo ventanal sin más cortina

que esta niebla cansada ante los ojos.

Me ven con mis juguetes —estos graves

diccionarios y los libros de notas—,

perdida la mirada en un azul

en el que adivino un bando de sílabas.

Me miran con furtiva indiferencia:

bicho raro que no ruge ni salta,

un hombre que está en su jaula del zoo.

Mejores son los tigres y los monos.



AVISPAS


Ya desaparecido

un arco iris a escala

de nuestro exiguo mundo,

queda el zumbón veneno

de lo imposible hecho realidad

por nuestra hybris.

Como algo artificial, la coincidencia

de una hierba empapada

con un sol rutilante,

la borrasca y el anticiclón,

y en todo ello el prodigio

que mana de un agua de riego

en la siesta estival.

Es la hora verdeluz de las avispas

en el jardín del hombre.

Flamígeras espadas

o aguijones lo expulsan.



EL LIBRO DE LA VIDA


Entre estas tapas

que dos fechas borrosas delimitan,

completos y aun parece

que les falte una entrega,

la larga colección de los fascículos

que son tus años.

Con polvo en el estante, inútil sombra,

ni pasto de polillas tan siquiera,

entre las pastas sucias de tus días,

la Gran Enciclopedia de la Nada.

No hay comentarios: