miércoles, 30 de enero de 2008

Sobre Hay-on-Wye


Se acaba de celebrar en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias el tercer Hay Festival, todo un acontecimiento literario que ha dado el salto desde su localidad matriz en Gales a América y, aquí en España, a Segovia y muy pronto a Granada. Copio aquí unos párrafos dedicados a Hay-on-Wye, procedentes de mi Viaje sentimental por Inglaterra (sí, y por Gales también), publicado hace unos meses en Almuzara:


A dieciséis millas de Brecon está Hay-on-Wye, pueblo fronterizo y ribereño, y la posibilidad de un quimérico paraíso de un irreal sosias de Andrés Trapiello, un tipo cuya inteligencia, como la del de carne y hueso en la española, estuviera embutida en el traje de la lengua inglesa, rico paño por cierto; o también podría ser Hay-on-Wye la pesadilla comercial, por competencia, de un Abelardo Linares metido al negocio de libros antiguos en la lengua de Byron y Eliot. Famoso en el mundo anglosajón, este poblado de librerías —más que de lance, de Lancelot y Sir Kay, Gawain y Arthur, las mil y una noches de Burton, y el arábigo oriente con aroma a té de T. E. Lawrence y sus siete pilares de la sabiduría (sólo una ínfima parte de los que sostienen esta enciclopédica, que no ciclópea, pequeña villa de Hay)— guarda muchos libros curiosos y raros. A Richard Booth, un americano, pertenecía la mayor colección de libros de segunda mano del mundo y, excentricidad suya, se le ocurrió venir a venderlos al pie de las Montañas Negras, entre ovejas y carneros analfabetos. Booth empezó a vender libros al peso en 1961, en la antigua sede de los bomberos. En 1977, habiendo tomado ya posesión del castillo (además de varias iglesias de diferentes credos, y graneros, y el cine) declaró la independencia de Hay y él mismo se coronó rey, concediendo los honores de Primer Ministro a su caballo. Luego, otros libreros se instalaron en casas colindantes, abriendo negocios que son cajón de sastre o especializándose en libros para niños o temas de espiritualidad, apicultura o relatos detectivescos, libros de boxeo o consagrados a la época victoriana. De todos los billones de letras que en Hay-on-Wye aguardan a ser leídas, nuestros ojos sólo vieron las de la señal de la carretera en nuestra subida al norte. Quede para otra ocasión, con más tiempo, el curioseo de sus altos fondos.





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