domingo, 17 de febrero de 2008

Archivo

Tú, que al orden reputas como extraño,
guardaste estos recortes y papeles
con la fe de que un día te darían
una cita jugosa, un dato presto
para un libro quizá, para un poema.

Hoy abres las carpetas y despiertas
un instante tan sólo a las palabras,
las fotos, los artículos: mementos
de una nada incapaz que no utilizas
para hacer ese escrito memorable.
Los datos acopiados, las anécdotas
se regresan al sueño, como un grano
inútil sobre el yermo en la sequía.
Pero un pretexto son, informe olvido,
para este verso amargo y que descubre
—cuánta zozobra inmensa y delicada—
que nada importa más que este presente
en que ya nada cuenta: vanidad,
como estas líneas dentro de unos años
salidas de un legajo polvoriento.

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