domingo, 3 de febrero de 2008

De un cuaderno bretón


El de Álvaro Cunqueiro es un caso único, único y hermoso. ¿Pues no va el hombre y se inventa una Bretaña detallada, pormenorizada, exacta, sin haber estado en ella? ¿No lleva al paisaje de allí los vados, los bosques de su Galicia? Y acierta y de qué modo. Eso hace en Las crónicas del sochantre, y de algún modo también en Merlín y familia. Bosques, piedras, ríos, vientos, todos están donde él los pone con mano diestra, agrimensor de la imaginación, arquitecto de sueños. Luego, muchos años después se va al país ideado con el recado de contratar gaiteros bretones para las fiestas de Galicia, y con un pie en el estribo escribe: “Voy a realizar, pues, una extraña experiencia: ver si el sueño bretón, es decir, la Bretaña de Francia, se corresponde con la realidad de mi imaginación. Porque no les puedo negar que para mí es mucho más real la Bretaña que he imaginado que la que existía en el finisterre francés. Y ahora voy a ver cómo casan ambas y sus colores.”
No recuerdo descripción más hermosa de lo que es la literatura.


Fragmento de "De un cuaderno bretón", publicado en Clarín, 58, 2005)