martes, 5 de febrero de 2008

Dioses, misticismo, poesía

Esta magnífica antología acaba de ser reeditada, ahora en Olañeta. De su primera aparición dan cuenta estas líneas:

Lenguas, siglos, creencias y vastas regiones de todo un subcontinente se han conjurado para crear la tradición de la que este libro, Antología de poesía devocional de la India, da fiel testimonio trayendo hasta nosotros una religiosidad a las veces exótica y en ocasiones tediosa en la prolijidad de sus advocaciones. De los cincuenta autores seleccionados (una quinta parte mujeres) los hay excelentes poetas, llenos de plasticidad y poderosas imágenes, y otros que, nos tememos, no pasan de ser eficientes versificadores de obras doctrinales. Pero todos son necesarias teselas de un mosaico que compone, en su conjunto, la imagen de la tradición hindú, incluso de ese vástago suyo que es la religión sij.

Al lector le esperan aquí grandes descubrimientos: como ese poeta gnómico y amigo de paradojas que es Basavanna, u otros contemporáneos suyos del siglo XII que como él escribieron en kannada y que están entre lo mejor del libro. De varios de ellos, nombres difíciles para una accesible poesía del sentimiento universal de amor entre el alma y los dioses, ya Aguado había presentado recreaciones, tomando sus personae, como Ezra Pound con los poetas provenzales, en su Libro de homenajes.

Jesús Aguado siempre ha sido un poeta espoleado por inquietudes metafísicas, ya fuera por su acercamiento al pensamiento de María Zambrano, hace ya lustros, ya en su prolongado trato con la tradición hindú, que ha tenido ocasión de conocer sobre el terreno, y que está manifiesta en su penúltima entrega de poesía (el ya citado Libro de homenajes, Hiperión, 1993), y sutilmente velada en la última (El fugitivo, Pre-Textos, 1998). Su traducción, sin ser directa de las diferentes lenguas de las que se nutre este caudaloso río de la poesía devocional india —tamil, hindi, bengalí, sánscrito, etc.— es altamente meritoria por cuanto que trata como poesía lo que es —no lo olvidemos— generalmente poesía lírica y de la más excelsa, no simples tratados religiosos o doctrina filosófica, que para eso ya están las Upanishads o los Puranas. La musicalidad está a salvo con un flexible endecasílabo entreverado de otros metros, que componen hermosas silvas que se dejan leer como versos escritos originalmente en castellano. Se nota en ello que Jesús Aguado es un excelente poeta, y hasta en las composiciones que ha trasladado en prosa brilla una musicalidad y una armonía que ayudan a la transmisión de esta tradición literaria de amor sagrado. En Cathay, Pound consiguió algunos de sus más hermosos versos a partir de las traducciones de Fenollosa, dándonos una China llena de alta poesía tamizada por su ingenio. En Antología de poesía devocional de la India, Aguado hace lo propio tomando como punto de partida eruditas y grises traducciones, y muchas de las páginas aquí incluidas bien podrían formar parte de una futura antología de su propia obra poética, tan granado y sugerente es el resultado.

Uno, que dista eones y yugas enteras de comenzar siquiera a acercarse a un camino de perfección, y que por tanto sigue atado a su ego como el que más, lee este libro y va anotando impresiones, llevando el agua al molino de sus lecturas: por ejemplo, se le ocurre que unas estrofas de Manikka Vasahar (siglo IX) parecen inspiradas en una cuarteta del Auden de “Funeral Blues” (“Él es el cielo, el proceloso mar, / el este, el norte, el sur, / el oeste y los mundos interiores (...) / Estos falsos tesoros del mundo me tenían / engañado”. Compárese con “He was my North, my South, my East, my West, / my working week and my Sunday rest, / my noon, my midnight, my talk, my song; / I thought that love would last forever: I was wrong”). También repara en que muchos de los poetas recogidos en la antología se acercan —sobre todo los que se ocuparon de las mocedades de Krishna— a ese tono intimista e ingenuo que es savia de la delicada flor que un anónimo clérigo irlandés medieval puso, aromando, en los amorosos labios de Santa Íte: “A Jesusito / lo estoy criando yo en mi ermitita”, una tradición que ha llegado hasta uno de los héroes del Levantamiento de Pascua de 1916, Pádraic Pearse, que en su relato “Íosagán” (“Jesusito”), compone como una versión gaélica del bellísimo cuento de Wilde “El gigante egoísta”, con su tema de la redención por amor del Niño-Dios, trasunto occidental de ciertas formas de bhakti.

Sin duda es fácil, efectivamente, hallar para estos poetas un correlato entre los de la mística occidental, y en concreto hallar paralelismos con San Juan de la Cruz, Santa Teresa, o Fray Luis de León, con sus diferentes registros. También es posible la comparación con una distinta tradición religiosa en el puritanismo que de Inglaterra pasó a sus colonias de Norteamérica y que encarnó en figuras apocalípticas como Wigglesworth (tan amigo de Shiva y la destrucción en su poema “El Día del Juicio”), o Anne Bradstreet (tan intimista como una humilde gopi o pastora que habla con devoción a su Señor) o como Edward Taylor, que con sus poemas basados en el Cantar de los Cantares, esa otra poesía de erótica a lo divino, se acerca al sánscrito Utpaladeva como cuando éste escribe: “Ni este mundo, ni los amigos ni los parientes me pertenecen. Siendo Tú todos ellos, ¿de quién podré decir que es mío?”. O al tejedor Namdev, al que recuerda en un poema como éste que comienza: “Hazme en todo, Señor, ser tu telar, / tu Palabra Sagrada sea mi rueca; / sea mi devoción tu lanzadera / y mi alma tu carrete consagrado. / Que sea tu devanadera mi voz / y devane el hilo que tu rueca urde.” Gracias al admirable trabajo que Jesús Aguado se ha tomado en acercarnos esta poesía milenaria, hoy sabemos más de los grandes dioses de la India y sus cantores.


Publicado
en Clarín, 20 (Oviedo, 1999)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Si pusieras solo la entradilla de cada texto, sería mnás comodo de ver todos los temas.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias. Tomo nota y lo experimentaré con la próxima entrada larga.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

A propósito, ¿cómo se hace?

Anónimo dijo...

Hola Antonio:

Creo recordar, que en el menú de formato de texto, hay una opción, que según el servidor se denomina de una u otra manera, donde debes indicar el número caracteres que tendrá cada nuevo artículo.

José Manuel