lunes, 18 de febrero de 2008

El baño

En el dorado mar entraste,
y azul, entre la espuma de las olas.
“Báñate conmigo,” dijiste.

Rechacé tu invitación: prefería
contemplarte en la boya de tu pelo,
los pequeños delfines de tus pies,
las movedizas islas de tus hombros,

y, lejos, desde la playa, escribir
un poema que hablara de mi cuerpo
nadando junto al tuyo, sal y agua
disueltos en un puro mediodía.

Bañándonos los dos, pero en el verso:
esta felicidad más perdurable
donde no baja el sol ni la marea.