sábado, 9 de febrero de 2008

EL POETA Y EL NOBEL


Un artículo antiguo y creo que inédito. Cuando lo escribí, ya hacía nueve años que leía a Heaney. Se lo dedico a Martín López-Vega, gran lector del poeta irlandés:

Cuando el pasado diez de diciembre le era entregado al poeta irlandés Seamus Heaney el Premio Nobel de Literatura, la Academia Sueca refrendaba, como si la poesía fuera una de las ciencias exactas, un hecho empírico: Heaney es una voz prodigiosa, probablemente el más apreciado poeta en inglés hoy vivo. Católico del norte de Irlanda, nadie como él ha sabido trascender, denunciándolo, el enfrentamiento entre las dos comunidades de esos condados y el emponzoñamiento al que conduce el fanatismo, y ello sin dejar de estar ni un momento al lado de los suyos. Pero Heaney no es un poeta político, ni tampoco un poeta “pastoral” como harían pensar esas composiciones en las que retrata su mundo de modestos granjeros: es sobre todo un vector en el que coinciden lo telúrico y lo visionario, y de esa tensión nace su mejor obra. El menos provinciano de los poetas irlandeses es, como Yeats, el más insular y universal a un tiempo.

Ahora, como siempre, se ha puesto de moda poner en duda las decisiones con las que se otorga el Nobel. Heaney lo prestigia, y su elección borra otros posibles errores. Bajo un pitagórico numen, los poetas de hace siglos tenían a los números por sinónimo de versos. Así en el soneto XVII, verso 6, de Shakespeare, el bardo escribe: If I could write the beauty of your eyes / And in fresh numbers number all your graces, “Si escribiera lo bello de tus ojos / y en sílabas contadas tu donaire”. Poesía, ciencia exacta. Hoy Seamus Heaney lo demuestra.

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