jueves, 7 de febrero de 2008

La clonación por la poesía

Un libro de Neruda que compré
hace ya veinte años
me trae, entre versos que de nuevo
me turban como un día consiguieran,
un cabello caído entre dos páginas.

Un cabello, no cana, que me vuelve
al joven que pudiera ser mi hijo.
Vagamente sé, por los avances de la ciencia,
que de este pelo pueden extraerse
además de lecciones metafísicas
sobre el paso del tiempo,
secuencias de ADN para clonarme y ser
remedo de un muchacho atolondrado
en la instantánea lectora de sus veinte años.

Pero me basta el verso,
en tanto que la ciencia perfecciona
sus copias y milagros improbables,
para sentir en la piel la emoción
del joven que al adulto sale al paso:

―Gracias por conducirme a mi mañana.

—Oh, no. Gracias a ti por esperarme.

3 comentarios:

Flecker dijo...

O friend unseen, unborn, unknown,
Student of our sweet English tongue,
Read out my words at night, alone:
I was a poet, I was young.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Thank you so much, dear Bécquer...
Flecker, I mean.

Albe dijo...

Bravo!!