lunes, 4 de febrero de 2008

Las ínsulas extrañas


Esta es la historia de una gran pasión. J. M. Synge se enamoró de la lengua y la literatura gaélicas, que estudió en Dublín, y luego asistió a conferencias que sobre ellas dio en Francia D’Arbois de Jubainville. Cuando en París dio con Yeats, que había vuelto de las islas Aran, una especie de reserva de las tradiciones célticas, éste, cuyo gaélico fue siempre deficiente por no decir nulo, le animó a plasmar un mundo “que nunca antes había sido expresado”. Y a ello se puso Synge, viajando por el oeste de Irlanda, puliendo su conocimiento de la lengua y vertiéndola a un dialecto de nuevo cuño: el hibernoinglés que tanto uso tendría en el célebre Abbey Theatre, del que fue director.

Las islas Aran recoge en cuatro libros los sucesivos viajes de Synge a este parvo archipiélago entre 1898 y 1902, y es un volumen que, a la sombra de escritos de Anatole Le Braz sobre la Armórica, y en la estela de sendos diarios del Doctor Johnson y James Boswell de un viaje por las Hébridas, trazan, con expresivas ilustraciones de Jack B. Yeats, hermano del poeta, un poderoso retrato antropológico y literario de las postrimerías de los celtas. Tradiciones orales, observaciones y anécdotas se aprietan en sus páginas, como la muy sorprendente de que “la mayoría de los extranjeros que ven en las islas son estudiantes de filología y la gente ha sacado la conclusión de que los estudios lingüísticos, particularmente los estudios gaélicos, constituyen la principal ocupación del mundo fuera de las islas”. El mismo mundo áspero lo llevaron años después al papel y al celuloide dos O’Flaherty distintos (Liam y Robert), y muchos otros nativos de desoladas rocas dieron su propia visión en libros en irlandés como An tOileánach (El isleño). Pero el de Synge fue un trabajo pionero.

Como tantos protestantes, nuestro autor se vio atraído por el acervo cultural irlandés, especialmente por la tozuda pervivencia de formas paganas tras quince siglos de cristianismo, y que en la época victoriana, y aún georgiana, traían un soplo de aire fresco a las envaradas costumbres. Así, el llamado renacimiento literario irlandés es abrumadoramente obra de hijos de la llamada Ascendancy, la clase aristocrática de la provincia, muchas veces venida a menos, a la que pertenecía Synge.

Flann O’Brien, que parodió en La boca pobre un centón de libros que daban una imagen estereotipaba de la Irlanda gaélica, escribió que Synge, Lady Gregory, Yeats, etc., “persistieron en la idea de que la pobreza y una existencia salvaje eran las más poéticas formas de vida que podía tener el pueblo, especialmente cuando ellos no eran ese pueblo”. Pero Máirtín Ó Direáin, un gran poeta gaélico que nació en Inishmore, la mayor de las Aran, dedicó un sentido homenaje a Synge, el recolector de leyendas, en versos que concluyen emocionadamente y tienen mucho de obituario de su idioma: “las palabras que un día recogiste / continuarán viviendo en una lengua extranjera”. En más de una, como demuestra hoy esta primera e impecable versión española.


Publicado en Culturas, 95 (Diario de Sevilla, 21.12.00)


Y para la vista, y el oído, unas imágenes, una melodía de las islas Aran. Aquéllas fueron grabadas varias décadas después, ésta también, pero unas y otra esencialmente recogen la misma atmósfera del libro de Synge :





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