domingo, 24 de febrero de 2008

Traducción y metadona

Suelo decir que para mí la escritura de poesía es una droga, una heroína que, al contrario que el “caballo” en el mundo real, es la droga la que me va abandonando a mí, en vez de yo a ella. Pero para conseguir un sucedáneo está la metadona, la traducción de poesía. Con oficio, si uno no está siempre en condiciones de escribir un buen poema, siempre tiene a su alcance traducir los más grandes de la lengua o lenguas que domine. El resultado no es el mismo, claro, pero “engaña”.

5 comentarios:

pepe dijo...

Lo importante es drogarse.

E. G-Máiquez dijo...

Exactamente descrito.

Rafael G. Organvídez dijo...

Antonio, hay también una "tercera vía": leer poesía.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Interesante, por cierto, lo que apostilla Rafael. Siempre nos quedará leerla. O, más aún, memorizarla.

Albe dijo...

Leerla,traducirla,escribirla...
...lo que importa de verdad es que haya poesía.
¿no?