lunes, 10 de marzo de 2008

Elegía para música de Elgar

Hace algunos años, casi simultáneamente, fue noticia el traslado de la Biblioteca Británica a su nueva sede de Saint Pancras y el futuro incierto del Britannia, el yate de la familia real inglesa. Finalmente, no todo fue catástrofe: aunque ya no es lo que era, la antigua sala de lectura sigue abierta (recomiendo su visita si se pasa por Londres), y la embarcación, anclada ya para siempre, se puede visitar en Edimburgo. Pero eso no suaviza el carácter elegíaco de este poema, que también él pertenece a otra época: exactamente, a finales del siglo pasado.

ELEGÍA PARA MÚSICA DE ELGAR


But Splendous wane. The sea-fight yields


No front of old display



(MELVILLE)





Cumplida ya es la hora de sus vidas,


el último destino de los árboles


que son su casco y el papel de sus páginas,


y a bien morir se aprestan en sus puertos


—el gran portaeronaves de Bloomsbury,


y el muelle militar del viejo Portsmouth—


los dos buques insignia de Inglaterra:


la Biblioteca Británica y el yate


Britannia, que regía entre las olas.

Desconsagrados templos que las termes


irán haciendo suyos, vuestras sombras


serán como una brisa de otros mares


recordada en las noches de invierno.


Como un viejo marino ya os contempla


el alma que a mudanzas se acostumbra,


y una lección moral halla en vosotros,


palos y estantes, escritorios, bordas:


bajo signos que se leen en el cielo,


más allá de los libros, la certeza


de que todo decae, cede y muere.





Adiós, adiós, navíos esforzados,


adiós a los catálogos homéricos,


adiós a las espumas y a los folios,


a los fuegos de San Telmo y las lámparas,


la aurora boreal y los volúmenes


de tela antigua que eran el velamen


desplegado con que los libros abiertos


surcaban los océanos del espíritu.


Hoy sois bajeles de una misma flota


que el tiempo abate y hunde para siempre.