miércoles, 19 de marzo de 2008

Más sobre las caricaturas


El diario El País acaba de publicar la siguiente noticia de agencias:


"La página web Al Ijlas ha emitido la noche de este miércoles un mensaje de audio del líder de la organización terrorista Al Qaeda, Osama Bin Laden, coincidiendo con el quinto aniversario de la guerra de Irak. En el nuevo mensaje, titulado Lo que veis, no lo que escucháis, Bin Laden se dirige a la Unión Europea y promete graves castigos por la publicacion de caricaturas de Mahoma en la prensa danesa, hecho que, según dice, forma parte de una "cruzada" en la que implica al Papa.
Al Ijlas es la página web utilizada habitualmente por Al Qaeda para difundir sus comunicados, en la que ya se han emitido otras grabaciones de este líder terrorista, así como de su lugarteniente, Ayman al Zawahiri, y de otras células terroristas como Al Qaeda en el Magreb Islámico."


Hasta ahí la noticia y el eco de las palabras del majadero peligroso.


Ahora, algunas reflexiones sobre la libertad de expresión:


Evidentemente, Bin Laden no tiene derecho a amenazar a nadie, pero todos tenemos derecho a escuchar o leer las transcripciones de sus bravatas, no solamente por el derecho a estar informados, sino porque nadie en su sano juicio debe temer que se reproduzcan las palabras de un fanático o un memo: discursos tales descalifican a quienes los pronuncian y muestran a las claras lo inane de su "ideología".

Cuando el nazismo estaba en su apogeo en Alemania, la Duquesa de Atholl, aristócrata británica que conoció a Cernuda en 1938, defendió la idea de que el Mi lucha de Hitler debía ser leído, pues nada como dejar que unas ideas absurdas o perversas se pongan en evidencia ellas mismas.

Yo leí Mi lucha hace más de veinte años y me abrió los ojos: más allá del embeleso adolescente ante ciertos símbolos, uniformes y místicas (que, como dijo H. G. Wells en sus memorias, es cosa que se pasa con la madurez), las ideas exacerbadamente antijudías me resultaron ridículas, el fanatismo y las orejeras fuera de lugar, y me di cuenta de que aquello no era lo mío. No creo que nadie pueda ser reclutado para el hitlerismo gracias a ese libro, más bien al contrario.

Por ello, como creo en la libertad y la practico, pienso que hace bien el diputado holandés que quiere divulgar una película en la que critica muy severamente al Islam, y también afirmo que tiene derecho a hacer circular la citada cinta. De hecho, yo quiero verla. En lo que se equivoca el político de los Países Bajos (al que se acusa de ser de extrema derecha) es en comparar el Islam con el fascismo y pedir en consecuencia la prohibición del Corán, como si éste fuera el Mi Lucha. El Corán, como el libro de Hitler, deben estar en las librerías para quien quiera leerlos.

Lo que no está tan claro es que en las calles de Europa tenga que haber millones de individuos que vengan a enmendarnos la plana y decir qué se puede escribir o divulgar en nuestros países. ¿El Papa de Roma instigando a los protestantes daneses? No formularé la pregunta retórica e iré directamente a su respuesta: Sí, es que Bin Laden es idiota. Pero como nosotros aún no lo somos del todo, tenemos que apoyar que en Copenhague o en Atenas, en Toulouse o en Manchester, las ideas circulen con libertad. Y que, por supuesto, no se prohiba el Corán, faltaría más. Pero por eso mismo, pidiendo disculpas a los musulmanes de buena fe si les molesta, mas haciendo prevalecer mi derecho en mi país a la libertad de expresión, reproduzco aquí -sulfúrate, Bin Laden- una de las susodichas caricaturas, en las que no veo burla de Mahoma, sino del propio Bin Laden y sus seguidores carniceros, cuya reacción no hace sino darle la razón al autor de la caricatura.

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