sábado, 1 de marzo de 2008

Música antigua





Hace veinticinco años comenzó su andadura el Festival de Música Antigua de Sevilla. Hace idéntico número de años escribí este poema. Lo traigo aquí como homenaje a aquel muchacho vanamente enamoradizo que fui:


MÚSICA ANTIGUA

Aún es tiempo de que cubra
al alma ilusa la esperanza estéril.
Aunque nunca se cumpla al menos da cobijo,
y así, horas, días, me mantiene
al socaire de la angustia que al cabo,
roída la esperanza, ha de venir
con toda la certeza de lo horrible.
Todo truncado con su hacha,
agostará la dura realidad que no perdona
la débil esperanza que aún guardo
como un tesoro que será mi perdición,
un dulce Eldorado que sólo es espejismo.
Por eso, porque aún es tiempo,
creo todavía que vendrás.
Me lo hago creer y me convenzo
con huecos argumentos a medida
de mi alma crédula y tontísima.

Vendrías al concierto con mi alegre
triunfo en la noche excepcional:
hurtando a mi tristeza su botín
de soñar con cianuros y cuchillas.
Tú harías a un lado mis viejas obsesiones,
y al compás de ese son renacentista
que laúdes y vihuelas nos trajesen
—escanciándonos sus notas el filtro,
envolviéndonos con su música el goce—
las manos se unirían, nuestras manos,
en la cómplice penumbra de la iglesia.
Besarnos en el templo, tras un fuste
frío y tenue, lo prohibido
sería como esa vela que oscila,
como una contradanza que todos ignorasen,
como una honda y secreta ceremonia olvidada
hallada por nosotros al amarnos.

Sí, todavía me es lícito soñar.
Luego, como siempre, en el concierto,
mi mano se asirá de mi otra mano
y el labio sufrirá la sed del diente.
Y no escucharé la música más bella,
sino el triunfo de la angustia en sus sonoras
terribles carcajadas, su victoria.




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