domingo, 30 de marzo de 2008

Pies

Apego de mi aire por la tierra,
llana pajarería
más de mirlo que de águila,
hormiguitas o migas como en el cuento añejo
que me lleva a la infancia, nuevamente,


oh pies, infantería,
siervos de la gleba de mi imperio
sobre el mundo, lleváis y conducís
este dolido cuerpo mansamente
por pedregosas rutas.

En la calle de ella, en las playas,
las márgenes del río del olvido,
la colina de Tara o los glaciares,
con botas o sandalias o descalzos,
me habéis atado al mundo, siempre encima
del polvo o la ceniza,
de la última casa.

Una vez, un esguince dio reposo
a vuestra hinchada vela, pies gemelos,
melodiosa copia de pájaros,
y en la calma sedente cien poemas
en un periplo inmóvil me trajisteis.

Estáis hechos de tiempo, encallecidos.
Ya no tan lejano, otro día,
vosotros por delante, marcharemos
al sostén de la tierra hecho caricia
en un viaje por fin inacabable.