miércoles, 19 de marzo de 2008

Recomendaciones de literatura fantástica (IV)


J.R.R. Tolkien, Los hijos de Húrin, Minotauro, 2007.

Tolkien, un filólogo con vocación de médico de almas, se sirvió en parte del Kalevala para modelar el mundo y los idiomas inventados de su Tierra Media. Lingüista y profesor de literatura medieval, el autor de El hobbit quedó deslumbrado por la epopeya y la extraña lengua finesa, otra rareza que vino a unirse a sus nociones de islandés o galés. Para él, aquello fue “como descubrir una bodega llena de botellas de un vino extraordinario y de un gusto hasta ahora desconocido. Fue muy excitante”. El Silmarillion contiene muchos puntos en común con el Kalevala, y como talismán que ejerce influjo en quienes lo poseen, el sampo finés y su obsesionante búsqueda como de grial artúrico juegan un papel similar al del famoso anillo en su gran ciclo narrativo, hoy enriquecido con su secuela Los hijos de Húrin.
Como en el caso de El Simarillion es ésta una obra elaborada por el hijo Tolkien a partir de las notas de su padre, y un suplemento que recibirán con los brazos abiertos sus incondicionales. A los que me permitiría recomendar que salgan un poco de su ámbito o comarca y lean algo de literatura germánica o céltica, tan queridas de su autor favorito.

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