domingo, 16 de marzo de 2008

San Columba y los poetas (I)



San Columba, conocido en irlandés como Colum Cille (“Paloma de la Iglesia”), nació hacia el año 521 en el norte de Irlanda. Tras abandonar Derry (y dejarnos unos nostálgicos versos dedicados a esa ciudad), marchó al exilio, fundando el importantísimo monasterio de Iona, en Escocia. Noveno sucesor suyo en la abadía de Iona, Adomnán escribió su biografía un siglo después de su muerte, acaecida en 597. San Columba es figura legendaria que une en su persona la condición de poeta y santo, y por ambos conceptos amante de los libros (una fuente dice que él mismo llegó a copiar trescientos manuscritos, y a la copia sin permiso de uno de ellos se le atribuye su exilio). A los hechos reales de su vida se le fueron adhiriendo a lo largo de los años elementos procedentes de las vidas de otros santos, de diversas fuentes literarias, incluyendo las artúricas, y de relatos tradicionales con paralelismos en diferentes culturas.

Los pasajes siguientes proceden de la Betha Colaim Chille (Vida de San Columba) que Maghnas Ó Domhnaill recopiló en irlandés en 1532 (a diferencia del texto de Adomnán, que escribió en latín). Los aquí seleccionados apenas recogen los numerosos milagros y portentos atribuidos al santo poeta, pero sí, pensando en el público que leerá estas páginas, dan una cabal idea de su relación con los bardos o vates, colegas suyos en esa edad insegura en la que las antiguas tradiciones célticas (como la de la epopeya Táin Bó Cúailnge, que se menciona, cuyo protagonista es el héroe Cú Chulainn) convivían con la nueva religión cristiana. Quien desee leer varias composiciones poéticas supuestamente creadas por el santo, puede acudir a mi libro Antiguos poemas irlandeses (editorial Gredos, Madrid, 2001), donde también se pueden ver en su contexto las sátiras terribles que hacían insufribles a los poetas, a los que no obstante San Columba defendió.

VIDA DE COLUM CILLE

(Fragmentos)

80. En otra ocasión fue Colum Cille a cortar leña para la iglesia de Derry que está en el bosque que recibe el nombre de Fidbad, y vinieron a él unos poetas que le pidieron un obsequio. Y él les dijo que no tenía allí ningún obsequio para ellos, mas si volvían a casa con él podría dárselo. Y ellos dijeron que no querían ir, y que, si no obtenían un obsequio de él en aquel mismo instante, lo escarniarían. Cuando oyó Colum Cille que los poetas amenazaban con satirizarlo, y que no tenía nada que darles en aquel momento, una enorme vergüenza se apoderó de él, y tan grande era aquella vergüenza que aquellos que estaban presentes vieron que se elevaba humo de su cabeza y que denso sudor manaba de su frente. Y se puso la mano en la frente para quitarse el sudor, y un talento de oro surgió de aquel sudor en la palma de su mano, y dio aquella moneda a los poetas. Y así fue como Dios libró de la vergüenza a Colum Cille. Y no es de sorprender que Dios acudiese a salvar el honor de Colum Cille, pues nunca hubo, salvo el propio Cristo, un carácter más compasivo que el de Colum Cille. Y por mucho que concediera por temor a ser escarniado o satirizado, nada hacía que disminuyera lo estricto de su modo de vida, ni sus ayunos, ni sus vigilias, ni sus oraciones.


Publicado en Renacimiento, 47-50 (Sevilla, 2005)

2 comentarios:

Counter-Revolutionary dijo...

Le tengo que agradecer su blog. Estudié el 2º de Bup en un internado irlandés, de lo cual guardo buenos recuerdos. Su blog me ayuda a refrescarlos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Pues la Isla Esmeralda es uno de los temas recurrentes de esta bitácora. Me alegro que compartamos este interés. La serie sobre San Columba y los poetas se extenderá a lo largo de un par de semanas, aproximadamente.