jueves, 20 de marzo de 2008

San Columba y los poetas (IV)


157. En cierta ocasión el viejo poeta Senchan, bardo supremo de Irlanda, acudió con su gravoso séquito a la casa de Guaire hijo de Colman, rey de Connacht. Y esta era su cantidad: nueve artesanos de cada tipo, y ciento cincuenta poetas consagrados, y ciento cincuenta aprendices, y cada uno tenía dos mujeres, un sirviente y un perro, como ha dicho el poeta:



Ciento cincuenta poetas indóciles

y ciento cincuenta aprendices,


cada uno con dos mujeres, un sirviente y un perro,


alimentó Guaire en su casa.



Guaire hizo un enorme palacio real en Durlus para toda aquella multitud. Y durante cuatro meses y un año se les sirvió y atendió en aquel palacio, como dijo el propio Senchan al abandonar a Guaire:



Nos partimos de ti, intachable Guaire,


y te dejamos una bendición,


un año y cuarto y un mes,


hemos estado contigo, oh rey supremo.



Y no hubo antojo que alguno tuviese durante aquel tiempo que Guaire no se lo satisfaciera, para no ser víctima de las sátiras y pullas de todo el gravoso séquito. Y aunque fuesen fastidiosos y difíciles de complacer aquellos antojos, como se dice en el libro titulado El gravoso séquito de Guaire, Guaire los complació todos por la gracia de Dios y mediante generosos actos. Un día llegó Marban, porquero de Guaire y hermano suyo, y un hombre muy santo, al palacio del gravoso séquito con el propósito de reprenderles por su maldad, su injusticia y su ignorancia, pues le entristecía la gran cantidad de peticiones injustas que hacían a Guaire y a los hombres de Connacht y a todas las tribus libres de Irlanda. E invocó del pecho de Dios todopoderoso maldiciones y desgracias para ellos si pasasen dos noches en una misma casa o si hiciesen peticiones injustas a cualquiera de Irlanda hasta que le contaran el relato de la Táin Bó Cúailnge. Y entonces Marban obtuvo de Dios que les quitara el don de la poesía, de manera que no les fuera posible hacer sátira o elogio si antes no le contaban la historia de la Táin. Y esto fue difícil para aquel séquito gravoso, y se pasaron un año buscando el relato de la Táin por Irlanda y Escocia. Y no consiguieron ni una palabra de ella. Y éste es el consejo que dio el santo Caillín a Seanchan, que era hijo de su misma madre: acudir a Colum Cille y obtener de él la historia de la Táin, pues a él nada le era desconocido de cuanto existió o existirá en la tierra o en el cielo. Entonces se marchó Senchan y pidió a Colum Cille, por Dios, por el conocimiento y por la poesía, que le indicara cómo podía conseguir las historias de la Táin. No le resultaba fácil a Colum Cille rechazar a nadie que le pidiera algo por el amor de Dios. Y aún le resultaba menos fácil rechazar a un hombre cultivado que le pidiera algo, pues nunca hubo nadie que lo aventajara en generosidad. Y reflexionó Colum Cille cómo podría conseguir aquellas historias. Y lo que decidió fue esto: ir a la tumba de Fergus mac Roich, y obtener de Dios que aquél reviviera para que le contase las historias de la Táin, pues sabía que no hubo en el mundo nadie que supiese aquellas historias mejor que él cuando vivía. Pues fue por su causa por lo que se produjo la incursión por la cual el ganado de los hombres del Ulster fue arrebatado por los de Connacht, y él estuvo con su hueste en aquella correría desde el principio hasta el final. Entonces va Colum Cille con los santos de Irlanda en derredor suyo a la tumba de Fergus mac Roich, y ayuna para que Dios se lo devuelva a la vida. Entonces Fergus se levantó de la tumba a la vista de los hombres de Irlanda, lo mismo legos que clérigos.


Y todo este intervalo había estado él muerto en su tumba antes de esto, es decir, desde el tiempo en el que Cristo había encarnado hasta el tiempo de Colum Cille, en el que Gregorio “Boca de Oro” fue Papa en Roma. Y como se lee en el libro titulado El gravoso séquito de Guaire, tal era el tamaño de Fergus que nada se pudo oír de sus palabras mientras estuvo de pie, hasta que él mismo se agachó y se apoyó sobre un codo, y entonces narró entera la Táin Bó Cúailnge. Y Cíarán de Clúain la copió sobre la piel de su vaca parda. Después Fergus regresó a su tumba y fue enterrado en ella. Y del gravoso séquito se enviaron mensajeros que alcanzaran a Marban en Glenn an Scail, para contarle la historia de la Táin. Y éste es el acuerdo al que llegó con ellos: que cada bardo fuera a su propia tierra, y que el gravoso séquito no volviera a reunirse nunca para devorar y consumir a Irlanda, y que nunca volvieran a reunirse en una hueste que siguiese a un bardo. Pero los poetas no cumplieron esto con lo que se habían comprometido con Marban, y de nuevo volvieron a sus peticiones injustas, hasta que Colum Cille alcanzó con ellos y con los hombres de Irlanda un pacto en la asamblea de Druim Ceat, como se lee en el libro de esa asamblea.