sábado, 22 de marzo de 2008

San Columba y los poetas (V)


168. En una ocasión fue Colum Cille a quedarse con Finnen de Druim Finn, y le pidió que le prestara un libro, lo que obtuvo de Finnen. Y después de las horas y la misa, le plugo quedarse en la iglesia, transcribiendo el libro sin que Finnen lo supiera. Y cuando llegó la noche, se encendieron velas para que pudiera escribir, esto es, los cinco dedos de su mano derecha que ardían como cinco luces brillantísimas, de manera que iluminaron y alumbraron todo el templo. Y la última noche, en la que Colum Cille estaba copiando el final del libro, Finnen mandó a alguien para reclamarle el libro. Cuando llegó a la puerta de la iglesia en la que estaba Colum Cille, se maravilló de la gran luz que allí había, y se apoderó de él un miedo extraordinario, y se asomó lleno de pavor por la mirilla que había en la hoja de la puerta del templo, y cuando vio a Colum Cille de la guisa que ya hemos contado, y por miedo, no pudo articular palabra ni pedirle el libro.

Sin embargo, a Colum Cille le fue revelado que el muchacho le estaba así observando, lo cual le encolerizó, y le habló a una grulla que tenía como mascota, diciéndole: “Tienes mi permiso, si Dios lo quiere, de arrancar el ojo de ese mozuelo que viene a espiarme sin mi conocimiento.” La grulla se alzó nada más oír las palabras de Colum Cille y dio un picotazo a través de la mirilla de la hoja de la puerta en el ojo del muchacho, de manera que le sacó el ojo de la cabeza, y lo dejó sobre su mejilla.

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