viernes, 25 de abril de 2008

Los nombres de las calles


La actualidad se empeña en no ser tal, sino más bien cansina repetición de lo ya visto. Este artículo lo publiqué hace dos legislaturas municipales y ahora un edil sevillano me lo ha hecho recordar.
Decíamos ayer...

KARL MARX STRASSE



¡Ah, el azaroso destino de las calles! ¡Cómo Fortuna, caprichosa, al hacer girar su rueda va triturando los rótulos de rúas, plazas, bulevares, callejones infestos y alamedas, trocando suertes y destinos y papeles en este Gran Teatro del Mundo!
Fiel seguidor de ella, y equilibrando sinos y famas, el consistorio hispalense ahora acomete la tarea de renombrar un puñado de calles y bautiza a otras nuevas, que la ciudad crece y mucho de su asfalto anda ayuno de nombres, anónimo y esquivo.
Todo es lógico y va con los tiempos: que se busquen nombres nuevos y que los del régimen anterior desaparezcan. Otra cosa es ver qué nombres les tocan en suerte a los sevillanos, porque algunas de las propuestas son cuando menos peregrinas, por no decir de dudosísimo gusto.
Sería una lástima que ahora que se va a hacer mudanza en el callejero no se aprovechara para borrar de él al coautor del Manifiesto Comunista. Veamos: si el título que recibe ese tramo de calle junto al Parque Amate honra al pensador decimonónico, la indigencia cultural de Sevilla queda de manifiesto; aquí, donde a diferencia de Barcelona no hay calles de Beethoven, Wagner, Marco Aurelio o Séneca, donde los nombres de los genios y grandes talentos seculares apenas se codean con los de las advocaciones marianas o los de las tallas de Cristo, el sólo ejemplo de Carlos Marx (¿por qué no Kant, o Feuerbach, o Hegels?) es una afrenta, un agravio comparativo a los filósofos, músicos, escritores, políticos, que penan en el municipal olvido sin una placa o unos azulejos. Y si la calle recibe el nombre del que con Lenin ha sido el gran dios Júpiter tronador de esa pesadilla, el comunismo, entonces la cosa, de la estulticia, ha de pasar por fuerza al juzgado de guardia o a un tribunal de más alto rango, internacional si es posible, pues el marxismo llevado a la práctica —está contabilizado— tiene en su nada plausible haber la cifra de cien millones de muertos.
En contra de lo que sucede, que discurre entre nombres tan hermosos y poéticos como Calle Amor y Avenida de San Juan de la Cruz, de la calle Carlos Marx, piensa uno, deberían salir calles rotuladas con nombres como Paseo de las Purgas, Calle de las Chekas, Ronda de las Deportaciones o Avenida de Pol-Pot. Éste sí que es el último resto del Muro de la Vergüenza y la RDA. Llamémosla mejor Karl Marx Strasse. O si pensamos en Rusia y su literatura, que sus pisoteados adoquines lleven los nombres, como lápidas, de Ajmátova, Mandelstam, Pasternak, Mayakovski, Solzhenitsyn, Tsvetáieva, Brodsky...


Publicado en El mirador, 9 (Diario de Andalucía, 7/16/00)

2 comentarios:

Jesús Beades dijo...

¿Has leído la trilogia de Vitali Shentalinski? Yo dudo, porque son tres buenos tochos, y aún tengo pendiente el Archipiélago Gulag, pero tengo muchas ganas.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

No, no la he leído, Jesús. Se me hace cuestra arriba enfrentarme a libros en los que sé que voy a hallar un horror que ya conozco por otros. La otra tarde en la presentación de Téllez llevaba prisa. Ya coincidiremos en otra y charlaremos tranquilos.