jueves, 24 de abril de 2008

Presentación en Sevilla

Con Miguel Ángel Aguilar en la presentación y entrega delpremio en la Residencia de Estudiantes




El próximo martes 29 de abril, a las 20,30 h., presentaremos el primer tomo de la biografía de Cernuda en el Aula de Cultura de ABC (Hotel Alfonso XIII, c/ San Fernando, 2, Sevilla). Me acompañará Fernando Iwasaki.



Vayan como aperitivo estas líneas de la Introducción del volumen:



El tiempo, uno de los temas recurrentes de la gran poesía, de la que ésta se nutre y crece, es también la medida por la que computamos la estancia en la tierra de los hombres y mujeres que a aquélla se entregaron, junto con sus posteriores ecos, cuando los hay, y en su correr se va apreciando quiénes, más allá de la duración física, son los que quedan para ser leídos por generaciones sucesivas y quiénes se van oscureciendo hasta el olvido. Luis Cernuda es sin duda de los primeros. Su poesía ha sido frecuentada, in crescendo, desde la década de los cincuenta para acá, durante ya más de medio siglo. Poetas españoles de varias generaciones e intereses bien distintos han ido recalando una y otra vez en su obra, sin que ninguna promoción poética le haya vuelto la espalda hasta la fecha. Algo habrá tenido que ver en ello, junto a la calidad intrínseca de sus páginas, el ejemplo moral de su entrega a la poesía, su independencia, su radical soledad, su ahondamiento meditativo, la aceptación sin aspavientos de su sexualidad, su apertura a otras tradiciones más allá de la hispánica.
La vida del poeta Luis Cernuda, como creador de esa obra admirable, es no sólo atractiva, por encima de la aparente grisura de sus días profesorales y su acedía y constante aislamiento, a veces su rechazo de puercoespín a los que querían invadir su ámbito íntimo. También, sobre todo, es una muestra de fidelidad a la poesía, ejemplo de la asunción del papel romántico del artista enfrentado con el mundo y de él enamorado sin embargo –y de los hombres, sus contemporáneos, a los que fustiga no menos que compadece y ama–. Salvando el tiempo, doblegándolo –muerto, se le lee más que en vida–, su obra se despliega pensando en los lectores y poetas futuros: es decir, nosotros, que hoy lo leemos con admiración y queremos saber más de su vida para mejor apreciar su obra. Es además aquélla eje que recorre seis décadas de creación e intelectualidad española y europea y americana, un camino lleno de encrucijadas a las que se asoman otros viajeros y seres errantes. Siguiéndolo, vemos sucederse uno tras otro movimientos como la poesía pura y el simbolismo, el clasicismo, el surrealismo, la poesía romántica como en España no hubo, sin olvidar técnicas como el collage, el monólogo dramático aprendido de la lengua inglesa (en Browning) o la recreación de nuestra mejor poesía del Siglo de Oro.
Sobre Luis Cernuda hay libros excelentes. A la breve pero útil introducción de Jordi Amat, Fuerza de soledad, hay que unir el catálogo de la exposición Luis Cernuda (1902-1963). Entre la realidad y el deseo, donde diferentes especialistas fueron desgranando los avatares literarios y vitales del poeta, más el Álbum redactado por James Valender, excelente en tantos aspectos, en el que el tesoro iconográfico, apabullante, no aplasta la aportación biográfica, muy valiosa. En el terreno de la narrativa, por otra parte, está el interesante experimento titulado Apócrifo de Luis Cernuda, de Andrés Sorel, donde Cernuda/Albanio es el protagonista de una biografía novelada. Pero más allá de algunos acercamientos tan loables como insuficientes a su persona, aún carecíamos (y esto lo ha señalado toda la crítica desde hace ya varios lustros) de una biografía amplia y detallada de su desarrollo personal y poético y la trabazón de su vida con los mimbres de otras en el conjunto del tiempo que a él le tocó en suerte o en desgracia. Él mismo vio preciso hablar de su propia vida en trabajo tan memorable como «Historial de un libro», en el que viene a pedir disculpas por hablar del hombre que hizo la poesía. Pero, ¿no servirá para apreciar mejor ésta el entendimiento de quien la compuso, el hombre que sufrió las experiencias de las que aquella brota? Cernuda supo que no siempre era visible la conexión entre su poesía y su vida, pero dejó la puerta abierta esa conexión: «al lector corresponde establecerla, si cree que vale la pena y quiere tomarse la molestia».

2 comentarios:

José María JURADO dijo...

¿Y por qué te lo han hecho coincidir con el recital de la grandiosa Waltraud Meier en el Maestranza?

Vamos a cambiar a Wagner y R. Strauss por Cernuda, así que ya puede merecer la pena...

Luis de Baviera escucha Lohengrin
(L.C.) Extracto

Sólo dos tonos rompen la penumbra:
Destellar de algún oro y estridencia granate.
Al fondo luce la caverna mágica
Donde unas criaturas, ¿de qué naturaleza?, pasan
Melodiosas, manando de sus voces música
Que, con fuente escondida, lenta fluye
O, crespa luego, su caudal agita
Estremeciendo el aire fulvo de la cueva
Y con iris perlado riela en notas.

Sombras la sala de auditorio nulo.
En el palco real un elfo solo asiste
Al festejo del cual razón parece dar y enigma:
Negro pelo, ojos sombríos que contemplan
La gruta luminosa, en pasmo friolento
Esculpido. La pelliza de martas le agasaja
Abierta a una blancura, a seda que se anuda en lazo.
Los ojos entornados escuchan, beben la melodía
Como una tierra seca absorbe el don del agua.

Asiste a doble fiesta: una exterior, aquella
De que es testigo; otra interior allá en su mente,
Donde ambas se funden (como color y forma
Se funden en un cuerpo), componen una misma delicia.
Así, razón y enigma, el poder le permite
A solas escuchar las voces a su orden concertadas,
El brotar melodioso que le acuna y nutre
Los sueños, mientras la escena desarrolla,
Ascua litúrgica, una amada leyenda.

Ni existe el mundo, ni la presencia humana
Interrumpe el encanto de reinar en sueños.
Pero, mañana, chambelán, consejero, ministro,
Volverán con demandas estúpidas al rey:
Que gobierne por fin, les oiga y les atienda.
¿Gobernar? ¿Quién gobierna en el mundo de los sueños?
¿Cuándo llegará el día en que gobiernen los lacayos?
Se interpondrá un biombo, benéfico, entre el rey y sus ministros.
Un elfo corre libre los bosques, bebe el aire.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

¡Qué responsabilidad! Y muy bien traída la cita de "Luis de Baviera escucha Lohengrin". No me cabe duda de que Cernuda se iría al recital y nos dejaría sin su presencia en el acto en torno a él.