viernes, 16 de mayo de 2008

Con Dylan



Ha cumplido uno esta semana su cuarenta y cinco cumpleaños, y lo ha hecho como a hurtadillas, que no es cosa de dar tres cuartos al pregonero (la sospecha de que quizá hayan transcurrido ya tres cuartos de nuestra vida). Uno siempre creyó que viviría poco, le hostigaba la pesadilla de que se lo llevara un cáncer, como a la madre apenas conocida. ¿No decía Nietzsche que el pensar en el suicidio nos ayuda a pasar más de una mala noche? Pero contra todo pronóstico del hipocondríaco, han ido pasando los años y el portador de ese temor ha llegado a esta edad respetable.
Mi amigo Martín me ha regalado como en homenaje a Eliade (el mito del eterno retorno) el disco doble en CD de grandes éxitos de Bob Dylan (More Bob Dylan Greatest Hits), el segundo que yo compré en mi vida, naturalmente en vinilo (el primero fue otro de grandes éxitos del de Duluth).
El chico que distraía unas monedas para comprar esos álbumes con los que tapar su melancolía ha venido así a visitarme al salón del dúplex, en el buen equipo de sonido que nada tiene que ver con el pick-up paterno, y me ha hecho rejuvenecer. Quiero decir, me ha devuelto las lágrimas de antaño.
Llueve también fuera, una llovizna mansa como de latitudes distintas, y gime “A Hard Rain’s A-Gonna Fall”, como sonaba cuando uno iba al Cine-Club de Medicina las tardes de los sábados, hace lustros y amores, guerras y años que se fueron ya por el sumidero.
Uno es, ha sido muchas cosas.

Comparece entonces también aquí un poema que guardaba inédito, correspondiente a mi vigésimo segundo cumpleaños. Hoy tengo más del doble de años que cuando lo escribí. Soy el mismo y soy otro. Qué raro es todo.

MEMORIA (DOS FRAGMENTOS)

Ahora, desde la alta gradería
que, vigas, veintidós años sostienen,
testigo soy del tiempo transcurrido
que llega hasta este vértigo presente.
Veintidós años, sí, los dos patitos,
feos igual que aquel otro del cuento
de Andersen. Ay, “El soldadito de plomo”,
“El príncipe feliz”, “La sirenita”,
“La pequeña cerillera”, “Blancanieves”,
“El gigante egoísta” y “Pulgarcito”.
Y aquel libro de Las mil y una noches,
y aquel tomo de Fábulas de Esopo,
dónde estarán ahora, qué se hicieron:
libros bellos que no pueden morir
porque una vez vivieron en nosotros,
lo mismo que nosotros por su causa
por siempre viviremos en el reino
que no es, que no puede ser de este mundo.

* * * * *

Y yo admiraba tanto a Mussolini...
A menudo marchaba sobre mí
un cassette que guardaba sus discursos,
himnos marciales, desplantes viriles
a la muerte no menos que a la vida.
Así en mi habitación se establecía
un efímero imperio victorioso.
Pero apenas duraba si un instante.
Tras la voz y la música del Duce
ponía luego a Dylan y lloraba
con aquella fuerte lluvia con que iba
a acabar la injusticia de la tierra.
Y me compré una armónica que nunca
por mi mal oído aprendí a tocarla.
La tiré cuando se oxidó más tarde
y sólo me quedé con el estuche,
mas aún la contemplo con nostalgia:
los suyos fueron, durante unos meses,
mis únicos besos en largos años.
La memoria me falla y ya no sé
si un día prendí fuego a un garito,
cueva de pervertidos y de droga.
No sé si fui yo el ángel de Sodoma
o si es que algún muchacho fue tal vez
objeto de mi amor desesperado.
Ya no recuerdo si he matado a alguien
o fue el tiempo quien, lentamente cruel,
crimen perfecto el suyo, inevitable,
durante años me estuvo envenenando.
Y no recuerdo ya tampoco el rostro
de mi primer amor. Ni tan siquiera
sé si la amaba o deseaba sólo
su cuerpo mi lujuria ya incipiente.
No recuerdo de qué calibre fue
la pistola primera entre mis manos,
ni el gesto de mi padre al descubrirla
una tarde de abril en mi pupitre
cuando aún mis hermanos distraían
su niñez y la mía con juguetes
y mis brazos delgados se extremaban
en puños guarnecidos de pirámides.
No sé cuántas carreras inicié
ni logro recordar las puras notas
de “Los tiernos lamentos” de Rameau.
No sé cómo silbar ya “Giovinezza”.
No sé si alguna vez supe silbarla.

5 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Siempre magnífico. ¿Sabes que actúa en Jerez, en el estadio Chapín? Quien se lo iba a decir a los jerezanos.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Léase con tilde (quién) el quien interrogativo anterior. Prisas de la cosa en un cuadro muy pequeño.

Albe dijo...

Feliz cumpleaños,Antonio

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias por el aviso, Antonio. Lo vi hace tres o cuatro años en Córdoba. Y a pesar de que ya no toca la guitarra, estuvo muy bien. Y gracias también a ti, Albe (¿o habré de decir tocayo?), por la felicitación. Aún no es una carga ir acumulando giros en derredor del sol.

Albe dijo...

Será un honor que me llames tocayo.
Lo de Albe es porque escribo en más foros...y es dificil separarse de los apodos...jeje