jueves, 22 de mayo de 2008

Merlín y el destello



MERLÍN Y EL DESTELLO

I

Oh joven Marino
que en el puerto estás
bajo el acantilado,
tú que contemplas
al Mago encanecido
con ojos de asombro.
Yo soy Merlín
y me muero,
yo soy Merlín
en pos del destello.

II

¡Poderoso era el Brujo
que me halló al amanecer
dormido, y me despertó
y me enseñó la Magia!
Grande el Maestro
y dulce la Magia,
cuando sobre el valle,
despuntando el verano,
sobre la montaña,
sobre rostros humanos
y en derredor de mí
siguiendo la melodía
flotaba el Destello.

III

Una vez, al graznar un cuervo
con el que se cruzó,
un pueblo de bárbaros,
ciego a la magia
y sordo a la melodía,
me gruñó y me maldijo.
Un demonio me atacó,
se retiró la luz,
se oscureció el paisaje,
se apagó la melodía,
el Maestro susurró:
“Sigue el Destello”.

IV

Siguiendo la melodía,
sobre un páramo
deslizándose, y poniendo su vista
sobre el elfo del bosque,
el duende de la caverna,
el grifo y el gigante
y el baile de las hadas
en solitarias hondonadas,
y espectros de los montes
y chapoteo de dragones
por rumorosas riberas
o musicales cascadas
de torrentes que caen,
revoloteaba el Destello.

V

Montaña abajo
y en lo alto,
brillando a raudales
sobre silenciosos ríos,
plateados sauces,
pastos y sembrados,
inocentes doncellas,
niños parlanchines,
granja y cosecha,
segadores y espigadores
y rostros curtidos
por labores humildes,
se deslizaba el Destello.

VI

Luego, con una melodía
más fuerte y majestuosa,
me condujo finalmente
a la ciudad y el palacio
del rey Arturo:
tocó en la dorada
cruz de las iglesias,
relampagueó en el torneo,
parpadeó reverberando
de yelmo en yelmo,
y al fin sobre la frente
del intachable Arturo
se posó el Destello.

VII

Nubes y oscuridad
sobre Camelot se cernieron;
Arturo había desaparecido,
no sabía adónde,
el rey que me amara
y que morir no puede;
pues fuera de la oscuridad,
silenciosa y lentamente,
el Destello, reducido a luz tenue de invierno,
sobre helado barbecho
y espesuras ajadas
se acercó al valle
que llaman de la sombra,
y lentamente avivándose
desde la trémula luz
y lentamente otra vez siguiendo una melodía
tiernamente delicada
cayó sobre la sombra,
ya no más una sombra,
sino cubierta por el Destello.

VIII

Y más radiante y rápido,
el Destello siguió volando
unido a la melodía
cantando a través del mundo;
y más lento y desfallecido,
viejo y fatigado,
pero ansioso de seguir,
vi, cuando quiera
que al pasar contemplaba
aldea o ciudad,
que debajo de las cruces
el jardín del difunto,
la colina mortal,
querían brotar en flores;
y así llegué hasta el último
extremo del país,
y más no puedo
sino morir con júbilo
pues por medio de la Magia
de Aquel Poderoso
que me enseñó siendo niño,
allá junto al límite
del océano ilimitado,
por doquier mas no en el cielo
flota el Destello.



IX

¡No de la luz del sol!
¡No de la luz de la luna!
¡No de la de las estrellas!
Oh joven Marino,
abajo al puerto:
llama a tus camaradas,
bota tu barco,
dispón sus velas
y antes de que desaparezca
sobre la margen,
tras él, síguelo,
sigue el Destello.

ALFRED TENNYSON

5 comentarios:

Albe dijo...

Tan hermoso!

tan...tan..."inglés"..
me encanta!!!

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Sí, es hermoso, creo. Este poema quedó fuera de la edición bilingüe que de Tennyson publiqué en Pre-Textos. Otro día daré un segundo poema que, por diversas razones, quedó excluido de la antología.

Eogham dijo...

Ojalá nuestro viejo rey Arturo vuelva pronto de Avalon. Tiempos estos tan oscuros, tan de mazmorra y aquellos tan luminosos...qué bien y que bello lo dice Tennyson en este poema.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias por tu visita, Eogham. Pues pronto colgaré otro poema de Tennyson traducido hace también veinte años: "Mariana en el Sur".

Anónimo dijo...

Hola Milord,

En verdad delicioso este poema...y para mi muy cierto: es hora de subir a la goleta o jabeque y partir... hacia otros continentes creativos: y como decía Machado " ligeros de equipaje, como los hombres de la mar".

¿Que tal tiempo os hace en Hispalis?

Por los Madriles cae una nieve tímida pero tenaz.

Kay:)