miércoles, 4 de junio de 2008

Cuarentena (2)

2

Hay un muladar sobre el que planean dos águilas. Una de ellas es blanca, con plumas rojas y negras. La otra (tal vez mayor y dotada de garras más fuertes), celeste, amarilla y blanca. Se embisten las águilas en un combate a muerte, se atacan con los picos y con sus duros y afilados espolones, vierten su sangre sobre un viejo que, sentado sobre el estiércol, las mira.
La lucha se prolonga hasta la noche, y el anciano sigue pendiente del enfrentamiento que se libra sobre sus cabezas (una de las cuales es, efectivamente, arrugada y canosa, hinchada en la nuca; la otra, cuando se apagan las últimas luces, es morena, joven, vigorosa). Sus dos bocas se besan con un chasquido justo en el instante en que caen muertas las aves. Pero nadie ve todo esto, y aún faltan varias horas hasta el alba.

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