jueves, 12 de junio de 2008

Cuarentena (6)

6

Como cada mañana, se enfrentó al espejo en la habitual tarea de peinarse. Sin embargo, decidió probar a hacerlo de manera distinta. Quería introducir en su gris esfera personal una ligera innovación, ya que nada se avenía a sacarlo de su rutina.
Se cambió de lado la raya, pero tuvo que desistir de salir a la calle al comprobar que en esa línea libre de cabello se mostraba una descomunal cicatriz, morada y purulenta. Cuando devolvió su pelo a la posición original, de la zona que surcaba la cicatriz salieron numerosas y diminutas estrellas de oro. Una de ellas, que no supo o no pudo remontar el vuelo, cayó sobre su frente, quedando allí fijada como la más terca de las obsesiones.

4 comentarios:

Jesús Beades dijo...

Tienes publicidad gratuita en mi blogg. Ya verás por qué. Un abrazo.

Irene dijo...

Antonio, qué alegría encontrarte en la bloggosfera (vengo desde el blogg de Beades). Ya estás en mis favoritos.
Un fuerte abrazo. Irene TV

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Alegría doble, Jesús, Irene. Carambola del destino es que al mencionarte, Jesús, en la biografía de Cernuda como poeta librero lo hayas citado en tu blog y te haya leído una vieja amiga, a la que ha traído el enlace. Irene, espero que estés muy bien. Te deseo lo mejor. Abrazos.

Irene dijo...

Gracias Antonio. Pues sí: carambola del destino...
Estoy bien y deseo que tú también.
Ah!, que sepas que te leo todos los días aunque no comente. Más abrazos.