lunes, 30 de junio de 2008

Cuarentena (15)

15

El hábito destrozado del peregrino va acogiendo el polvo de la llanura, tal vez para compensar la pérdida constante de jirones entre las zarzas y arbustos que detrás quedaron. Hay lágrimas en los ojos del peregrino, y hay también un cansancio que agarrota su cuerpo; aún no su alma, que fervorosa sigue pidiendo la revelación.
Cerca del mediodía se cruza con un hombre, un bulto embozado en andrajos grises, acaso más lastimeros que los suyos. La simple voz del hombre hace comprender al peregrino que está ante una horrible mutilación o enfermedad. Y ni siquiera ve los ojos que lo miran. La esquila de una ermita que no queda muy lejos deja escuchar el toque del ángelus. La lepra se aleja descalza hacia Levante. No ha aceptado las sandalias del peregrino.

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