miércoles, 9 de julio de 2008

Cuarentena (19)

19

Después de firmar la carta y cerrar el sobre, echa mano de otra cuartilla y pergeña apresuradamente unas líneas. Por la ventana abierta entra una golondrina, que tras buscar sin provecho una vía de escape, se posa sobre un sillón. Él se acerca para cogerla, pero el pájaro alza el vuelo y da con una corriente de aire que lo lleva otra vez al cálido exterior de septiembre.
Él marcha a su alcoba, se desviste y se mete entre las sábanas. Tiene sueño. Apenas es mediodía y ya tiene sueño. Al atardecer le asalta una pesadilla: va tan tranquilo por la calle cuando sin darse cuenta se introduce en un nido. Allí, una golondrina enorme se le acerca, y al darle un aletazo, él logra saltar y volver de nuevo a la calle. Entonces despierta, se arregla, y vuelve a su despacho.
En ese momento se repite la escena de la golondrina extraviada, sólo que ahora se trata de un murciélago de los que frecuentan la calle. A la madrugada vuelve al lecho y se repite de alguna forma su sueño de antes. Pero ya no despierta.

2 comentarios:

Mery dijo...

Golondrina...delicada palabra en su fonética, y delicado el animal que representa.
Un abrazo

Irene dijo...

Cuántas referencias, cuántas lecturas, cuánto oficio, escritor.
Ese "joven que fuiste" supo pronto, muy pronto -lo recuerdo bien- cuál era su vocación, su oficio.

Ps.- Gracias, Antonio, por el ejemplar prometido. Pero que sepas que compraré unos cuantos más para regalar a los buenos amigos.