jueves, 10 de julio de 2008

Cuarentena (20)

20

Acompaño a los demás hombres hasta la boca de la mina, les digo que he olvidado una mecha y que tengo que regresar urgentemente a casa. Allí les dejo, perdiéndose en la sombra descendente, luces que se alejan hacia lo hondo de la tierra. En el camino a casa me adentro en una arboleda, umbría también, pero ella deja pasar los rayos de sol, y allí el día y la noche son diferentes.
En la blanca corteza de un robusto álamo grabo los nombres de quienes han comenzado su jornada, apoyo mi frente sobre el tronco y susurro las palabras que he juntado para la ocasión. Entonces vuelvo sobre mis pasos, salgo del terreno desbrozado junto a la mina, y a la entrada de ésta enciendo una hoguera. Una hoguera que luego apagará el alud que provoco y sella la mina. Es enorme el ruido, y la polvareda —aun en el alto donde estoy— me hace toser y llorar.
En el abrevadero me lavo las manos y los ojos.

2 comentarios:

irene dijo...

Jóooder!!! (Perdón por la palabreja)

Es como un buen cortometraje, magnífico.
Y..., pero..., te araña el "estómago" hasta dejarlo "vacío".

Mery dijo...

Hay un algo bíblico en todo este relato: Judas que se aleja de los morituri, el apoyo de la cabeza en la corteza del álamo, como un Muro de las Lamentaciones; Pilatos lavándose las manos.

Amén