domingo, 20 de julio de 2008

Cuarentena (25)

25

Estás en una playa, con los pies descalzos, abrasados porque no puedes acercarte a la orilla. Una cadena oxidada te lo impide, y el sol te va agrietando la piel. La vela que recorre el horizonte no parece estar al tanto de tu penuria, y de derecha a izquierda se aleja hasta desaparecer. La muchacha que está a tu lado te mira suplicante, te ruega con la mirada que halles una forma de que escapéis los dos, pero tú sabes que no hay esperanza, que mejor sería morir cuanto antes. Ni siquiera llegará la marea a los pies quemados. El pecho de ella es blanco como la arena. Está libre, pero permanece junto a ti. Con una concha te trae un poco de agua para aliviarte. Pero es inútil. Ahora arden las rodillas. Luego tu frente cae sobre la arena.

2 comentarios:

irene dijo...

Excepcional, sí. Qué magnífica metáfora -al menos para mí-, cargada de simbolismo.
¿Ves, Antnio, como lo de la tertulia estaría muy bien?

Ps.- Pues sí. Me suelo levantar temprano, leer algo en la "blogosfera", que normalmente releo antes de acostarme, pero es raro que comente de día. Un abrazo.

Andrés Nadal dijo...

Yo he estado en esa playa, Antonio. No recuerdo el calor, ni la arena, ni el sonido del mar, ni el fulgor del sol.
Sólo recuerdo a la chica, blanca como una amanecer en invierno.
Y mis ojos arrastrados por el viento sobre la arena mientras escapo a un lugar al que no quiero ir.