miércoles, 23 de julio de 2008

Cuarentena (26)

26

Trato de recordar. Al principio no sabía si el protagonista era niño o niña, me hallaba aún en el reino de la indeterminación, donde el alma es una, no importa en qué cuerpo. Pero después, repasando detalles, comprendí que era una niña a quien acontecía la historia. Que más o menos es ésta: la hija del señor de un castillo, seguramente princesa, se internaba en un bosque de lilas que crecía junto a su hogar. El bosque estaba cerrado por una verja que lo rodeaba, aunque era tan grande el bosque que se perdían sus límites. No sabría decir si la niña escapaba de la conspiración de alguien que bien podría ser su madrastra. El caso es que, una vez ya en el bosque, se halló perdida: conforme avanzaba, absorta en la exuberante flora que la rodeaba, estaba más y más en el interior del bosque de lilas. ¿O eran violetas? No lo sé, la niebla de la edad confunde todo.
Cuando se dio cuenta de su situación, quiso dejar el bosque, pero no pudo; éste la rodeaba por todas partes y no se adivinaba salida alguna. La niña se durmió en la misteriosa fronda.
Tengo que seguir contando, para que el hechizo no se rompa, sin repasar lo escrito. Como ella me voy adentrando en otra selva, la de la memoria, muy frágil, y quiero llegar hasta el final o la salida. Al despertar de su sueño, lo hizo en un noble palacio. Pero estaba deshabitado el lugar a no ser por una cierva y su hijo, un gato. Aquí se me hace todo una nebulosa; no sé lo que pasó después, pero percibo tragedia y dolor, y un encantamiento de belleza extraña.
Quisiera recuperar aquel cuento de la niña en el bosque de lilas. De la niña en el palacio de la cierva y el gato. No recuerdo ya el desenlace. No recuerdo su fin, y quizá por eso mismo jamás lo recordaré mientras viva. Quiero decir que viviré mientras no lo recuerde.

4 comentarios:

Mery dijo...

Ojalá en su paseo por el bosque de lilas le ocurriera como en los bosques de los escritos de Ramón Llul, donde aparecían sabios que iluminaban las mentes de los que allí se adentraban, desesperados, en busca del sentido de la vida.

Una vez mas tu cuarentena asoma en esta página genial.
Un abrazo

Irene dijo...

JO! Qué bonito!!!!!
Antonio, cómo has sido capaz de trasladar un "cuanto infantil" (clásico, no?), a la más trementa actualidad del (buen) "pensamiento humano!". No sé si me explico, pero para eso dejamos la tertulia (sin querer ponerme pesada, perdón por insistir).

Anónimo dijo...

Hola Milord,

Espero que me traduzcas el texto en galés... te lo cambio por el final de este cuento que dices no conocer... te lo cambio por no desvelártelo, of course.

El relato de la pantera y el hombre, buena atmósfera.

Saludos

Kay :)

Anónimo dijo...

en la casa de la cierva.. castillo.. ella se quedó un tiempo... no recuerdo que paso allí pero un día abrió un escaparate y encontró la piel de la cierva y del gato colgadas allí.. no se si dejaron esta forma y recuperaron la forma humana... creo que si y al final ella se casa con el gato.... ojala pudiera volver a leer este cuento....