lunes, 28 de julio de 2008

Lo prometido

Como lo prometido es duda (hasta que se cumple), publico aquí el comentario a la respuesta que Guillermo Carnero hizo a mi crítica de Verano inglés. Repito que respeto y aprecio su poesía, y que lo que me mueve no es afán polemista alguno, sino reflexionar y extraer lecciones que puedan servirme en el taller de creación poética.

1. Respecto a los pareados de “How Many Moles?”, no me duelen prendas en reconocer que leídos varios años después me gustan más que al publicar la reseña. Dicho queda. Ahora bien, podía haberse ahorrado Carnero recordar los precedentes de Valle Inclán o Manuel Machado, pues sin ir más lejos el sevillano es poeta que tengo bien leído, y en su estela han escrito excelentes poemas en pareados paisanos suyos –míos- como Fernando Ortiz o Javier Salvago. Justamente, el poema que aduce Carnero para ilustrar la utilización de la isometría en Manuel Machado, “Prólogo-Epílogo”, es también una memorable muestra de poema en pareados.

2. En lo tocante a la isometría, sé bien que éste no es un principio universal o absoluto. Siempre lo tengo presente por mis estudios y traducciones de la antigua poesía anglosajona o de la irlandesa, y a ello dediqué un ensayo que más adelante reproduciré en este blog. En ningún momento de mi reseña censuraba la mezcla de versos de diferente longitud. Es cierto que en tiradas de alejandrinos, Darío y Manuel Machado intercalan versos de trece sílabas que se descomponen en hemistiquios de cinco y ocho, y que Jaime Gil de Biedma tiene poemas como los que Carnero menciona bastante irregulares. Hay asimismo en Verano inglés buenas muestras de composiciones en las que se alternan libremente versos de diferente medida. Nada que objetar. Pero me llamaban la atención dos casos concretos de dodecasílabos intrusos, que dice él que son deliberados. Lo cual no se sostiene, o no consigue el resultado apetecido, porque “Campos de Francia” cuenta con 17 versos, todos endecasílabos (la mayor parte) o alejandrinos, y el quinto verso, que no es ni una cosa ni otra (“que llaman felicidad los diccionarios”) rompe, repito, el ritmo. Más chocante –pero disculpable, porque es descuido de un gran poeta- es el poema “Lección de música”, donde son 30 los versos, todos endecasílabos menos el decimoctavo (un eneasílabo partido en dos líneas, “de ceder y volcarse. / Vuélcala”) y el séptimo “piérdela, duda, persíguela jugando”). No hay que tener un oído muy aguzado para reconocer que el eneasílabo, como el heptasílabo y el pentasílabo, es verso que casa bien con el endecasílabo. No así el dodecasílabo, que impone un ritmo bien distinto. Carnero en su airada respuesta dice que empleó este otro verso, entre los endecasílabos, para dar “espontaneidad, naturalidad y un deje conversacional” al poema. Pero me temo que esto no se sostiene, porque el poeta adorna precisamente la última palabra del poema con una diéresis (“Dïana”), que será todo lo que se quiera menos algo espontáneo o natural. Por esta senda de “naturalidad” y conversacionalidad, Carnero podría dar una vuelta de tuerca y escribir como Garcilaso “el dulce murmurar deste rüido”. Cosa de la que no está muy lejos, o más bien nada, pues en un verso emplea un muy conversacional, natural y espontáneo “aqueste”.

3. Lo cual nos lleva al asunto de la diéresis. Claro que en nuestra tradición literaria se ha empleado. Por Rubén Darío, por ejemplo, como bien señala Carnero: “No oís del arroyo el süave y callado rumor?”, donde se usa la diéresis gráfica, los dos puntitos para entendernos. Pero las citas que exhibe de Alberti o Salinas, poetas más recientes, son un punto -o dos, ya digo- engañosas, pues Carnero, para defender su posición, marca la crema o diéresis, algo que no estaba en los originales. A mí, que no tengo gusto, según Carnero, me resulta arcaizante o artificioso el empleo de la diéresis a punto de entrar en el siglo XXI (Verano inglés es de 1999).

8 comentarios:

Luis Spencer dijo...

Estimado amigo, casualmente he localizdo tu blog y aprovecho la ocasión para felicitarte por tus ultimos trabajos. Hace ya bastante tiempo que no tenemos ocasión de charlar, desde nuestra epoca de colaboradores en La Mirada.

Un abrazo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Hola, Luis. Muchas gracias por tus palabras. He visitado tu blog. Volveré. Me disculparás que no recuerde tu nombre de la época de La Mirada. ¿Es tu verdadero nombre o seudónimo?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No sé si eso de "lo prometido es duda" es una errata involuntaria o un juego de palabras consciente. En todo caso, me parece muy expresivo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Es deliberado, José Manuel. Me alegra que te resulte sugerente. Un abrazo.

Anónimo dijo...

María Eugenia Reyes Lindo, en "Nuestro nombre en las piedras" (Númenor, Sevilla, 2007), tiene un verso que dice:

Lo prometido es duda, casi siempre...


Sergio B.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Vaya, hombre. Lo cual demuestra que: a) María Eugenia Reyes Lindo me "robó" este juego de palabras vía telepática (yo guardo esta frase en mi memoria desde al menos 2006, y la empleé en un correo electrónico dirigido a Javier González-Cotta). b) que siempre es arriesgado buscar la genealogía de influencias o ecos, pues a veces lo que se dan son simples coincidencias. c) el privilegio que tengo de tener lectores tan atentos. Gracias, Sergio.

Sergio dijo...

Gracias por el apartado que me toca (el c). Desde luego estas coincidencias son "normales"...

Por cierto, sólo por simple constatación, y no por dar a conocer mi blog (puesto que es un blog de dos amigos para entretenerse): soy el antiguo Ombusía. Dicho queda.

(Espero aquellos haikus que dijiste. También adquirí las "Metamorfosis" de Ovidio, aunque ahora estoy con Horacio...en traducciones, claro)

Un saludo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Pues un saludo, Sergio, ya te ubico. Buscaré esos haikus y los colgaré, para que no quepa duda/deuda sobre lo prometido. Un saludo.