domingo, 3 de agosto de 2008

Cuarentena (29)

29

Subieron juntos a la torre de la catedral. A la cima él quiso besarla, pero ella se apartó, y aunque no había nadie más en aquel momento y lugar, dijo que no le gustaban esas efusiones en público. Él no comprendió, y se sintió herido en su virilidad: ¿por qué ahora no, y sí otras veces? ¿Por qué ahora no, que estaban solos?
El pelo corto y rubio de ella tenía la luz agónica de la tarde, y no difería mucho del de la piedra que los alzaba sobre una ciudad tornasolada y soñolienta. Ella cogió la mano de él, y la llevó a la fría superficie del alféizar, contra el muro en que se abría la escalera, sobre las gastadas losas centenarias. Le dijo nombres caídos durante siglos en el silencio del mundo, palabras olvidadas bajo ruidos y gritos, soledades cavadas en su pecho.
Sonó una campanada en otra torre, y una sombra pasó torpemente revoloteando al lado de ellos. Él comprendió muchas cosas. Su amada desapareció, como el día, escaleras abajo.

2 comentarios:

Albe dijo...

De verdad, Antonio. Esto debe ser publicado en condiciones.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Vuestras lecturas me están animando a publicar esta Cuarentena. Voy a hacer alguna gestión al respecto. Os mantendré informados. Ah, y gracias por el empujoncito.