jueves, 14 de agosto de 2008

Cuarentena (33)

33

Taciturno, tras una mesa cubierta de pedrería, un hombre joven, pálido, enfermizo. Nada rompe su silencio, ni siquiera una muchacha que se le acerca y clava alfileres en su cuello.
La madre de él entra en la sala. Acerca un yelmo de oro a la enjoyada mesa, trae un escoplo y un mazo, y toma de la mano a la muchacha. Desde la ventana se ve a un ahorcado que cuelga.
A una orden de la mujer, la chica se arrodilla y echa el cuerpo para adelante, se apoya sobre las palmas de indilucidables líneas y alza las caderas. El joven no puede evitar que una lágrima escinda su mejilla, línea brillante como oscura la de la carne oferente.
Golpes sobre la mesa. Se arrancan ágatas y gemas. Un diamante más que mediano muestra todas sus facetas. A la lágrima primera suceden otras, y pronto el llanto crece. Tiene una misión el llanto: ayuda a abrir el ano. Ópalos y esmeraldas por el recto.

3 comentarios:

Mujerárbol dijo...

Deliciosos relatos y posteos, caballero. Me habló de éste blogo el de Inisfree1916.
Lo enlazo en el mío.
He leído su estupenda antología de poemas gaélicos escoceses, pero como el ejemplar no era mío, ¡ay! Fuese y no hubo más.
Yo, hormiguita de un solo ojo y cada vez menos oído, me atribuyo el ser traductora del Táin por antonomasia, el de la redacción I y Mael María mac Célechar.
Dochum glóire Dé agus onóra na hÉirinn...

Albe dijo...

Fantástico aliento gótico!
Como me conoces, sabrás de sobra que me encanta!

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Go raibh maith agat, mujerárbol. Buscaré como un tesoro tu traducción de la Táin. Yo, cuando tenga tiempo, pensaba traducir el Acallamh na senórach. Pero la Táin, ah la Táin. Enhorabuena.

Beannachtaí!