domingo, 24 de agosto de 2008

Cuarentena (35)

35

No hay duda de que el camino ha sido largo. Y desde luego, las piernas no se acostumbran al hecho de que han completado la etapa y de que la silueta de la isla, el follaje de la isla, imponen un límite, una meta anhelada.
Es grande el cansancio; mayor, la dicha. Empinada la cuesta que desciende, y escarpada la roca que por la breve costa sube hasta los árboles. Algún ave me canta y otra le responde en su mismo idioma. Hay un barquero que no habla nuestra lengua.
¿Cómo es posible que la felicidad de la llegada no nos estalle en el pecho? ¿Que la voz, no entendida, se escuche?
El barquero se ofrece a pasarnos. Por señas. Por señas regateamos y por señas alcanzamos un acuerdo que traicionaremos al no dar sus monedas al hombre a quien maldecimos como a un demonio que nos condujo, sin retorno, a nuestro paraíso.

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