jueves, 28 de agosto de 2008

Cuarentena (37)

37

Estoy dormido. Sé que estoy dormido porque lo que veo y vivo no puede ser otra cosa que un sueño. Estoy dormido y me hace despertar un olor a quemado, un intenso olor que me abre los ojos al tiempo que sofoca mis pulmones.
Pavesas. Veo pavesas que vienen sobrehilando el campo en que estoy. Rasgos negros de una escritura indescifrable, símbolos de algo que quiero aprehender pero escapa.
Algunas pavesas caen sobre mi cuerpo desnudo: mis hombros, mi vello púbico, mi espalda. Me lloran los ojos. Un ángel desciende de los cielos, cuerpo blanco sobre negras pavesas. La asfixia me hace suyo, me hace perder la consciencia.
No sé por qué el ángel dice que es una muchacha violada.

3 comentarios:

Manuel G. dijo...

El viaje de Maelgwn.

Has tratado de retomar esa manera de narrar irlandesa, o celta, donde se cuenta algún prodigio o visión.

También me recuerda al modo de "aparición" en la novela artúrica a la francesa, de indudables resonancias célticas. Siempre aparece un caballero extraño, o un enano, o un prodigio extraño etc.

Pero en las narraciones arcaicas lo simbólico quizás sea de interpretación más fácil. Aquí resulta mucho más, por no decir, completamente, encriptado.

Es un simbolismo con un código perdido.

Manuel G. dijo...

O mejor: un código que nunca existió o nunca fue revelado.

Los buenos irlandeses sí tenían un código y podían interpretar el sentido.

Nosotros queremos también, lo necesitamos, anhelamos el sentido, pero estamos perdidos, no existe el código. La divinidad nunca nos lo comunicó, o no existe.

Por eso esas visiones irlandesas son plenas de maravilla como mensajes de la divinidad.

Pero en tus cuarenta, creo yo, lo que hay es angustia, impotencia, imposibilid. Anhelada comunicación nunca establecida.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muy certeros tus comentarios, Manuel G. Me temo que no, que no hay código ni sintaxis para estas cuarenta piezas. Son sueños deshilvanados en los que sí hay símbolos, pero no sabría yo explicar su significado. De todas formas, nunca está de máscuriosear el diccionario de Cirlot. Son puertas abiertas no sé adónde. Y no sé si puertas o tabiques que hay que derribar.