martes, 5 de agosto de 2008

Un poema de Robert Graves




De mi edición bilingüe de Poemas (editorial Pre-Textos), un texto escrito durante la Primera Guerra Mundial:

LA MAÑANA ANTERIOR A LA BATALLA

La lucha hoy, mi fin está muy cerca,
y firme es la sentencia de mis horas:
lo supe ayer, andando al mediodía
por un jardín desierto y con mil flores.

Cantando, prendí rosas en mi pecho
y, asiendo unas cerezas, ya la Muerte
sopló sobre el jardín desde el nordeste
y heló toda belleza con su aliento.

Miré ante mí y, horror, vi mi fantasma,
con furia golpeada la cabeza:
la fruta de mi boca en sangre espesa

se había transformado, y ya la rosa
marchita olía, hasta que en raudas lágrimas
pareció que los muertos florecían.




Junto a las brasas (1916)

1 comentario:

Alejandro Lérida dijo...

LO QUE NUNCA TE HE DICHO

Tiene la noche luces de puerto abandonado.
Pero quiero que sepas lo que nunca te he dicho
–porque soy lo que lees–, quiero que sepas
que guardo para ti un abrazo futuro
en un lugar sin nadie del planeta.
Solos los dos, sin más,
cuando menos lo esperes.

Tú me recetas tiempo,
un poco de paciencia ante las dudas
y los primeros síntomas de la desilusión.
Pero sabes que somos aquello que esperamos,
cada mano que lleva a un lugar diferente,
esta luz insumisa tatuada en los ojos,
enredada en las sábanas sin temor al vacío.

Si no fuera tan cierto, pensaría
-y puede que no sea una respuesta-
que no hay un temblor de lluvia en los tejados tristes
de esta ciudad del Sur que tú mirabas,
un martirio de alas en cada amanecer,
un corazón mojado bajo la hierba húmeda
del parque con perfume de lluvia en tu cabello.

Aunque tenga la noche luces de puerto abandonado
y mientan los que dicen que es imposible, que
desde tus altos ojos no puede verse el mar,
que no sabes sin alas acariciar el cielo,
serás capaz, cuando me abraces,
de destruir el hielo de mi boca sin ti,
de desplazar el eje de la Tierra.

¿Para que renunciar?
Cierro los ojos:
la vida, ese secreto que guardamos a medias.
Me gusta tu silencio con ruido
de coches que no pasan,
calle cortada al tráfico.
Hace tiempo que miro por el retrovisor
buscando tu silueta donde se acaba el cielo.

Si me miras, por un instante solo,
el mundo está bien hecho.
Y pensar que pudimos no encontrarnos…

Espero que entiendas este poema como un abrazo capaz de destrozar el hielo, pues admiro tu labor crítica de recuperador de la memoria. Lo tuyo es, sin duda, una cruzada contra el olvido, un acto de justicia poética.

A tenor de lo dicho, y en lo que valga, me serían de gran auxilio tus palabras para poner en pie las mías, ya que lleva mi voz tatuado el silencio, o eso parece ser. Pásate, si quieres, por mi blog, mi paso de peatones, y deja allí si quieres una muestra de tu cercana lucidez (eres como escribes, huelga decirlo), tan estimada por el que te lee.
Sin más, este saludo de puntos suspensivos capaz, ya digo, de incendiar la nieve.