domingo, 31 de agosto de 2008

Cuarentena (38)

38

Una pantera bebe de su mano. Su cuerpo —el de él— tiembla rítmicamente con el ronroneo de la bestia. Su cuerpo —el de ella— está sumido como en un pétreo letargo, se ha adentrado en los parajes donde la duermevela tiene su imperio, y el abandono, y el olvido, son plantas silvestres de inigualada lozanía.
El hombre y la pantera, y el líquido que los une: agua y piedra que hacen una fuente, noche y día que engendran el tiempo. La tarde se va poniendo, y el manantial borbotea. La sangre corre. Un hombre bebe de su zarpa.

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