jueves, 4 de septiembre de 2008

Cuarentena (y 40)

40

Las dos hermanas, tendida cada una a la sombra de un pino joven, conversan. Desnudas como están, son apetecidas por insectos, especialmente cínifes que, con todo, no se les acercan. No son gemelas, y sin embargo se parecen tanto.
La mayor piensa en voz alta: recuerda al pájaro aquel, un ruiseñor, que venía a cantar siempre bajo su ventana. La melodía del ave era su único contento en días amargos, los posteriores a la muerte de su amado.
También añora la pequeña algo perdido: el lazo aquel de seda inigualable —violeta, violeta, violeta— que llevaba la noche de su puesta de largo. Con él bailó en brazos de aquel joven forastero al que nunca volvió a ver después, aquel que se llevó el lazo como prenda de una inclinación mutua que quedó en nada.
La hermana mayor roza, despreocupada, una aguja de pino. Se hiere la blanda mano, y la sangre, un hilo delicado y hermosísimo, corre, bermellón, como un trazo de pincel sobre blanco. Blancos los dientes de la menor entre los rojos labios. Como llanto que corre, sonora risa.

5 comentarios:

José María JURADO dijo...

. y ¿final?

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Pues, sí, José María: es el final de la cuarentena. Al menos, en su formato digital. Ya anunciaré aquí su publicación en papel. Gracias por seguir la serie.

silencio de luna dijo...

Me ha encantado.

Albe dijo...

Hace tiempo que no me paso por aquí,Antonio,por cuestiones qye ya conoces y que,desgraciadamente,me están dando de nuevo la lata...
Pero no podía dejar pasar la oportunidad de declarar mi amor incondicional por todos y cada uno de las 40 maravillosas miniaturas que nos has proporcionado...
Debes publicarlo,y creo que estás en ello...así que no puedes dejar de avisarme.
Un abrazo.

Antonio.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias, Silencio de luna y Albe. Cuidaos hasta que salga la edición impresa.