martes, 16 de septiembre de 2008

Dos tocayos


Siempre supe que al marido de una tía abuela mía, maestro de la República, lo habían asesinado los “nacionales” en Fuente del Maestre (Badajoz) durante los primeros días de la guerra civil. Mi tía Guada estaba embarazada y poco después dio a luz una hija póstuma de Antonio Luján Núñez. La cría murió al año, y mi tía, que nunca se repuso del doble golpe, llevó uno de esos lutos perennes que no llegó a suavizar su innato buen carácter.
Y sólo hace dos años, porque de eso no se habló nunca en mi casa, me enteré de que por la otra parte de su familia mi padre también había perdido a un tío, Antonio María Rivero Sanz, asesinado por los “rojos” en Guadalcanal (Sevilla) igualmente durante los primeros días de la guerra. Su delito, tener posición acomodada y, quizá, ser gordo; como el otro tío, dicen, era de izquierdas y bizco.
Ambos Antonios murieron en el peor de los frentes de aquella guerra: la retaguardia. Uno sería de derechas; socialista, el otro. Pero no creo que el primero muriera “por Dios y por España”, como no creo que el segundo lo hiciera por la dictadura del proletariado.
¿Cuántos Antonios hay en los cementerios y las cunetas de España? ¿De cuántos de ellos confluye en nosotros -hijos, nietos, biznietos- la sangre o ese otro parentesco que llamamos “político”?
Si un español quiere hoy encontrar y honrar los restos de sus antepasados asesinados, mi apoyo y mi respeto. Las víctimas, por serlo, casi nunca tuvieron parte en las matanzas y los desafueros.

5 comentarios:

Antonio Ruiz Bonilla. dijo...

Me parece lo más justo que se puede hacer por ellos, y por sus familias. Yo no perdí a ningún familiar, pero la represión y el hambre los puedo ver aún dibujados en las expresiones de mis padres, que vivieron de un régimen casi feudal en un cortijo de Sevilla. Un saludo

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Un saludo, Antonio. Ahora somos cuatro los tocayos: dos vivos y dos muertos. Ojalá ellos hubieran muerte por causa biológica y no por mano de hombres.

Jesús Cotta Lobato dijo...

También tengo yo por ahí malenterrado a un tío abuelo. Lo importante no es saber qué bando lo mató, sino que murió un buen hombre. Un abrazo

Anónimo dijo...

que otro tocayo noble, el bueno de don antonio machado, me perdone si a sus dos Españas que helaron el corazón de tantos hombres y mujeres de bien -es justo recordarlos y recuperar su memoria, su dignidad enterrada en una cuneta o una fosa común- a uno le reconforte y emocione evocar a esa tercer España, de la que hablaba Andrés Trapiello, ese país de ciudadanos sensatos y honestos que se horrorizaba de los desmanes de los hunos y de los hotros y que por eso estaba en la punta de mira de todos, en la posición más arriesgada y valiente en cualquier guerra: la de aquellos que se niegan a militar en el bando de los que matan, destruyen, niegam todas las razones del enemigo...De todas las víctimas de la guerra civil y la postguerra, sin duda el bando más castigado fue el de esa Tercer España...p.a.m.e

Isabel Romana dijo...

También yo creo que las víctimas merecen una tumba honrosa y sus familiares descansar tras haberlas honrado. La guerra es brutal, y hace falta que sus secuelas termminen de una vez. Saludos cordiales.