sábado, 6 de septiembre de 2008

A una mofeta vista en Martha's Vineyard

Saliste del recuerdo –los dibujos
del niño ante la tele en b/n-
y de detrás del cubo de basura,
inmenso take-away para tu cena.
Eras como ese mar nocturno y lábil
-la estela tras la popa- que nos trajo.
Negra y con el blanco de tu cola,
eras como la carretera de la noche.
Curvada, arrinconada en un portal,
nos llamabas intrusos: en tu isla,
así como en tu hambre y tu pitanza.
Mas, ¿quién usurpa a quién el territorio?
Ninguno de nosotros pertenece
a este pueblo de ricos y de excesos.

Escabúllete: mañana nos iremos,
y tú te quedarás, sola y gozosa,
señora de la isla y sus despojos.

2 comentarios:

Mery dijo...

¿Se mofaría la mofeta de unos sevillanos en tierra extraña?
Seguro que extrañada estaba de vuestro acento.
Un abrazo

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Iba como Pedro por su casa dándose el atracón, y se agobió de que, involuntariamente, la arrinconáramos en la entrada de una tienda. No supe hasta el día siguiente de qué animal se trataba, al consultar una guía de mamíferos de Norteamérica. Curiosamente, aunque se puso algo agresiva, no recuerdo que se protegiera con su proverbial hedor.