martes, 30 de septiembre de 2008

De un cuaderno bretón (III)



Locronan, antes de llegar a Douarnenez, ejemplifica la pervivencia de las creencias paganas en el cristianismo, la sucesión de usos y costumbres de diversa genealogía, no tan diferentes entre sí, sobre un mismo terreno. Cuando los galos habitaban la región, aquí había un nemeton, templo natural en el corazón de un bosque sagrado que era imagen del universo y calendario, reflejo de los solsticios y equinoccios, espacio abierto en el que realizar sacrificios a los dioses, ritos de fecundidad. Después de los druidas, otra fe arraigó en este monte, traída por Ronan, un monje irlandés del siglo VII que dio su nombre al lugar. Pero siempre estos parajes retuvieron su vinculación con la fecundidad, y hasta los mismos Duques de Bretaña acudieron aquí para asegurarse la descendencia y el mantenimiento de su linaje (supongo que ayudarían al santo con liberal lujuria).
Cruce fiel de ambas tradiciones, la cristiana y la pagana, Locronan celebra cada seis años una romería o pardon, llamada La Troménie, que recorre la docena de kilómetros del nemeton original. La celebración dura una semana, y a ella acuden peregrinos por millares. Entretanto, el pueblo conserva a la perfección sus casas de los siglos XV y XVI, cuando las telas aquí producidas llegaban a toda Europa y hasta el Nuevo Mundo. Incluso hemos leído que en alguna página suya Shakespeare menciona el tejido de Locronan.
En las inmediaciones, diversas capillas se alzan en pagos en los que anteriormente se adoró a los dioses del panteón céltico, como la de Ar Sonj, en Plas ar Horn, donde se veneraba al principalísimo Lug, o la de San Théleau, que se asienta en un lugar en el que se rendía culto a Cernunnos, el dios astado cuya efigie celebramos haber encontrado, tan cautivadora, en el caldero de Gundestrup, que alguna vez vimos en un viaje a Copenhague. Pervivencia de los símbolos, en la de San Thélau el santo homónimo aparece representado en el calvario, al pie de la cruz, junto a un ciervo, como Cernunnos.
Hoy el paisaje, incluso en la a veces inquietante espesura, es mucho más bucólico que aquél que trasladó Lucano a su Farsalia, donde habla de bosques como éstos, en la Galia, donde los celtas adoraban a sus dioses y realizaban, según leyendas que él acepta, sacrificios humanos. El latino no nos presenta aquí las abejas y los surcos virgilianos, sino pájaros a los que da miedo posarse en los árboles y ramas de las que penden restos sanguinolentos y terribles. Uno no sabe a qué carta quedarse con estas expresiones del horror céltico, pues la historia nos enseña que siempre los vencedores han adornado con toda clase de ignominias, no siempre ciertas y a menudo exageradas, a sus vencidos.

7 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Interesantísima entrada, Antonio. Me hace gracia el tenebrismo de Lucano, pero no olvidemos que él hace patria. En ese momento estaba exaltando sin duda la conquista de las Galias por César, uno de los protagonistas de Farsalia.
Abrazos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Sí, buen propagandista era. Lo dicho, la Historia es de los vencedores. Y uno, sin embargo, tiende a identificarse con los vencidos y sus historias con minúscula. Abrazos también para ti, romano, de este celta caído.

Juan Manuel Macías dijo...

Estoy con A. Serrano, sumamente interesante esta entrega. Gracias. Qué bonito nombre, Locronan... A mí siempre me perturbó esa leyenda negra de los druidas. En fin, supongo que será bueno un cierto equilibrio entre eso y los revivals más o menos románticos. Un saludo.

marisa dijo...

A mí también me gustan las historias de vencidos y las pequeñas memorias heridas que guardan detrás. Una página excelente que me alegra haber descubierto. Un abrazo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Pues bienvenida, Marisa. La puerta siempre está abierta. Un abrazo.

manuel g. dijo...

Todas las religiones han vertido sangre humana de una manera u otra. El cristianismo, la religión del amor, ¿a cuantos herejes ha quemado? ¿a cuantos paganos y "brujas" ha masacrado?...

Los sacrificios rituales de la religiones paganas -todas ellas han sacrificado gente en algún momento, tanto la romana, la griega, la hebrea, la celta, la azteca, la cartaginesa... -...¿en qué se diferencian de los rituales cristianos de quema de herejes?... si acaso, justificados de otra manera, para soslayar su incohertencia con el discurso de amor cristiano, pero en el fondo funcionando como rituales de sacrificio, en honor y ofrecimiento al dios cristiano, para congraciarse con él, exterminando a los rebeldes a su dominio.

En el fondo, no se trataba más que de entregar víctimas a la divinidad- y recrear así su poder y dominio absoluto sobre la vida de los mortales- para que esta a su vez se congraciara con sus seguidores.

Ulmo de Arxila dijo...

No eran los romanos los más indicados, habida cuenta su brutalidad gratuita y sin sentido en forma de "panem et circenses".
Por otro lado, sin sacrificios humanos jamás habríamos tenido joyas tan inquietantes como la cabeza del hombre de Tollund; u otras joyas no menos inquietantes y hermosas como el poema que le dedicó Seamus Heaney.
Por cierto, Locronan es literalmente "el lugar de Ronan", es decir, de San Ronan; San Ronan de Locronan es por tanto una forma redundante.Los gallegos siempre hemos identificado mucho la Troménie bretona con nuestra peregrinación nacional que no es a Santiago de COmpostela, sino a San Andrés de Teixido.