jueves, 16 de octubre de 2008

De un cuaderno bretón (X)





Quimper posee dos catedrales. La primera, más conocida, es la de San Corentín.
La otra es la tienda de música Keltia, en la Place aux Beurre. La de San Corentín tiene dos torres de piedra color miel o, mejor aún, sidra, sidra que burbujea y se sube a la cabeza en las filigranas de sus agujas. Sobre la de Keltia uno imagina alzarse otras torres mínimas y sonoras, hitos que lo llaman tal varas de zahorí que atraen el ochenta por ciento de agua (céltica) que uno lleva en su cuerpo: los palos de biniús, gaitas, cornamusas. Otro templo, a un tiro de piedra de la catedral de San Corentín, es la librería Ar Bed Keltiek.

2 comentarios:

Juan Manuel Macías dijo...

Ay, esas cornamusas melancólicas. Y las bombardas. A pesar del abuso de la sospechosa etiqueta "música celta", uno no deja de emocionarse al oír esos aires. Antes que terminar la epístola a los Pisones preferiría saber tocar una gaita bretona, escocesa (de tres roncones) o gallega. Y, sobre todo, una gaita irlandesa, que es la madre de todas las gaitas. Un abrazo fuerte.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Yo también me apunto a aprender a tocar las uilleann pipes (las bellíwsimas y quejumbrosas gaitas de codo irlandesas). Pero antes se tendría que operar el hechizo (podría hacerlo un druida) de estar dotado de mejor oído...