miércoles, 1 de octubre de 2008

Ferlinghetti y la poesía



Nunca me ha interesado gran cosa la contracultura, aunque reconozco la importancia de la Generación Beat: por supuesto, estoy más cerca de los poetas que de los narradores. Y Lawrence Ferlinghetti, ya se sabe, el autor de A Coney Island of the Mind, es uno de los más destacados. En los años cincuenta del pasado siglo fue uno de los fundadores de la librería City Lights de San Francisco, aún hoy templo lírico con regusto hippy y editorial independiente.


En City Lights compré justo hace ahora un mes un ejemplar, en muy hermosa edición encuadernada en tela, de Poetry as Insurgent Art, de Ferlinghetti. Se trata de un libro de reflexiones sobre la poesía, compuesto de fogonazos y no sesudas teorías. Algunas citas:


"Poesía, el último faro en mares encrespados"
"Es la voz de la Cuarta Persona del Singular"


"Es un sofá lleno de cantantes ciegos que han apartado sus bastones"


"Sé un lobo en el redil del silencio"

8 comentarios:

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Seguro que City Lights ha adquirido con el tiempo una solera que va más allá de su adscripción a determinada estética. A mí la poesía de Ferlinghetti me interesa menos que algunas cosas de Ginsberg o la prosa de Kerouac. Quizá porque éstos han salvado algo de la atmósfera de su época, que sigue viva en su literatura, mientras que la poesía visionaria de Ferlinghetti estaba ya rancia en el momento de su nacimiento... Claro que esto es cuestión de opiniones.

Enhorabuena por el blog.

Mery dijo...

Menudo viaje tan intenso hiciste este verano. Me recuerda a esos viajeros de antaño, en contraposición a los turistas actuales,que caminaban por lo recien descubierto con ojos pausados y el corazón alerta.

Betty B. dijo...

A mí me han gustado mucho esos fogonazos. Sobre los fogonazos se contruyen luego las sesudas teorías, que siempre son un poco como inventarse la luz.
También me gusta mucho el blog. Me lo estoy leyendo poco a poco y para mí está lleno de cosas nuevas.
Un saludo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Sí,la librería ha adquirido solera, como el callejón aledaño, llamado de Jack Kerouac, en el que la ropa tendida en un pequeño balcón parece más bien bandera de otra época y ya viejos movimientos.
La verdad es que este verano me he dado un palizón: además de perseguir al fantasma de Cernuda he escrito un par de artículos para el suplemento El Viajero, de El País. Pero no creo que coja el avión durante una temporada. Me halagan mucho vuestros comentarios, y que Betty diga que aquí encuentra cosas nuevas es una de los mejores piropos que se pueden recibir. Gracias a todos.

Alfaraz dijo...

Librerías de Frisco aparte, pero enlazando el tema de los viajes me permito recomendar a Betty (ya que veo que estamos repasando esta bitácora)el artículo sobre Venecia (27/01/2008).
Y me han alegrado, Antonio, estas coincidencias vénetas. De Canaerggio a Pound.

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Alejandro Lérida dijo...

Así me gusta, Antonio, devolviendo su prestigio a las palabras, como quería el otro. Llevo tiempo leyéndote en silencio y tu entusiasmo no suena nunca a juguete roto: es una fe fanática en la literatura como forma de vida lo que te mueve. Y es, desde luego, loable tu perspectiva crítica en todo momento, puesto que no apedreas al lector con tus verdades o mentiras, sino que prefieres seducir a convencer. Y eso te honra.

Una abrazo sincero bajo este cielo de octubre manchado todavía de verano, erguido contra todos, rubeniano y azul, "cima de la delicia", donde "todo en el aire es pájaro".

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias por recomendar ese artículo sobre Venecia, Alfaraz. Pronto empazaré a dejar aquí algunas estampas viajeras de mi libro Las ciudades del hombre (en el que hay otro texto sobre Venecia y Pound). Y, Alejandro, menos mal que se queda en la pantalla del ordenador mi sonrojo ante tus elogios.

Betty B. dijo...

La recomendación de Alfaraz me hizo llegar antes a Venecia (me salté muchos meses). El texto teje una red de mil miradas sobre la misma belleza que se escapa. La verdad es que es impresionante.
Además me quedé un rato en Hispaniarum, con la seriedad andaluza y el barroquismo autero de Juan Sierra, a quien no conocía. Y con el rey Almutamid.
Gracias a ambos.