La otra mañana

La otra mañana
© Juan María Rodríguez

lunes, 27 de octubre de 2008

Talleres de poesía

Cuando publiqué mi primer libro de poemas (llamarlo libro puede ser pretencioso, pero más altisonante será llamarlo plaquette), lo envié a varios poetas cuyas direcciones me había facilitado un amigo. Encontré casi siempre frases vagamente elogiosas y una crítica concreta, de José Luis García Martín, que me hizo mucho bien, porque atacaba lo que de ingenio fácil pudiera haber en mis poemas. Juan Luis Panero me envió acuse de recibo pero, como Pilatos, se lavó las manos asegurando que no me podía dar consejo, porque -aún recuerdo sus palabras-, “en este oficio uno ha de aprender a acertar o equivocarse solo”. Y aunque tenía buena parte de razón Panero (casi todo lo importante que aprende un poeta lo descubre solo, con el tanteo y la insistencia en sus propios poemas y la frecuentación de los grandes autores), también es mucho lo que se puede aprender de y con otros. En el peor de los casos, y esto ya es mucho, lo que se obtiene con un taller de poesía es mantener expedito el camino que lleva a la poesía, impedir que la maleza que a todos nos acecha termine cubriéndolo, hallar en la senda a otros caminantes, compañeros de viaje, que nos cuenten sus experiencias y en los que apoyarnos, y a los que apoyar, cuando estamos fatigados.

7 comentarios:

Rafael G. Organvídez dijo...

Recordarás, Antonio, que el que iba dirigido a Francisco Bejarano está en mi poder. No pudiste entregárselo y, años después, se lo regalaste a su paisano.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Pues lo había olvidado, Rafael, pero me encanta que me lo recuerdes y que hoy lo tengas tú: está en buenas manos.

marisa dijo...

El "oficio de escribir" es muchas veces doloroso,sembrado de dudas, errores, falsas expectativas, y puertas cerradas. Pero también como bien dices se comparte y se aprende día a día de otros que caminan esta misma senda con mayor o menor fortuna. Es reconfortante encontrar donde apoyarse cuando estamos fatigados, una voz amiga, una palabra amable( que no tiene que ser un falso halago) es siempre bienvenida y nos recuerda que no estamos (tan) solos...

LUIS SPENCER dijo...

Antonio, en lo esencial estoy conforme con tu opinión, espero muy pronto escribir algo extenso y en profundidad sobre el tema, pasados los años tenemos que ser comprensivos con los autores a los que hemos importunado con nuestros primeros trabajos. Es normal algunos equívocos, el joven escritor busca la afirmación, el elogio y la ayuda, pero nunca la corrección y la crítica, mejor sería el silencio. Algunos autores han volcado sus experiencias negativas en sus consejos privados a los jóvenes, eso siempre es un error, mejor orientarle, dejarle ver a él mismo con mucho tacto sus lógicos fallos, que a esa edad está incapacitado para ver. Pienso que es muy importante ser generoso, atento y considerado con quien nos escribe y reclama nuestra atención y ayuda, eso quedará como ejemplo en el joven escritor ya toda su vida. Recuerdo todas estas virtudes en Vicente Núñez, esa ética que tantos frutos manifestó después.

sergio astorga dijo...

Generosidad y sencillez para el incierto mundo creativo, no sólo alivia, aligera, y prova mejores busquedas.
Coincido, si me permiten, con Luis Spencer, sabedor que los errores estan presentes siempre, lo que cambia es la intensidad.
Saludos.
Sergio Astorga

Betty B. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fernando Valls dijo...

Tienes razón, Antonio, plaquette es altisonante. ¿Y poemario? A mí me parece cursi, pero parece que hay poetas que no se quitan esta palabra de la boca. Me suena a recetario.