viernes, 31 de octubre de 2008

La técnica para escribir poesía no sólo es necesaria, también se puede aprender. Un poeta irlandés, Michael Longley, ha observado, con gracia, que “La técnica es importante. Creo que si la mayoría de quienes se llaman a sí mismo poetas fueran funambulistas estarían muertos”. Y X. J. Kennedy ha escrito a su vez que “El mundo está lleno de poetas con lánguidas llaves inglesas que no se molestan en dar las seis últimas vueltas a los tornillos”.

15 comentarios:

marisa dijo...

La maestría es necesaria, pero sin el "duende", sin el don no es suficiente. La técnica ayuda a pulir, a dar forma, pero si no hay nada que decir...Recuerdo que Bécquer tiene una rima al respecto de la inspiración y la técnica :
"Con ambas siempre en lucha
y de ambas vencedor,
tan sólo al genio es dado
a un yugo atar las dos".

Jesús Beades dijo...

Y sin embargo... cuando reseñan un libro tuyo (es decir, mío), no deja de mosquearte un poco que elogien sobre todo "el dominio de la técnica". ¿Por qué será?

Juan Manuel Macías dijo...

Mmm. No sé qué pensar. Es un tema peliagudo, desde luego. La técnica es importante, claro, pero sólo si pasa desapercibida. No creo que sea algo que se aprenda. Más bien se absorbe, y se usa a voluntad. Es curioso que el más perfecto sistema de tipografía digital, TeX (software libre, no es publicidad :-), tome su nombre del griego téchne. Por medio de unos algoritmos muy elaborados, automatiza todas las rutinas de los viejos cajistas, pero con más refinamiento y rapidez. Es decir, que la labor del artesano se puede automatizar perfectamente. Pero para mí el poeta no es un artesano. Un abrazo.

Sergio dijo...

Esto es algo que quizás hoy en día se obvie demasiado. Me han gustado especialmente las citas.

Un saludo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muy bien traído lo de Bécquer, Marisa. Evidentemente, la técnica ha de ser puesta al servicio de la magia.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Y Jesús tiene toda la razón también: cuando te dicen eso parece que uno es sólo un buen artesano. La técnica, Juan Manuel, creo que sí puede aprenderse. El problema es que muy a menudo, conforme el poeta va adquiriendo más soltura con la técnica, se produce un fenómeno inverso: se le va secando la inspiración. Ambas cosas las da la experiencia, es decir, la edad, el tiempo. Hay que corregir, pulir, sin que se note, y que pase desapercibido (como tú señalas): a esto hacen referencia las citas que han gustado a Sergio. Su moraleja es que escribir requiere fuerza, tensión y no conformarse con lo primero que salga (te puedes caer del alambre o dejar floja una silla que no aguantará cuando se siente otro). Saludos a todos.

LUIS SPENCER dijo...

Es positiva la confrontación sana o la sintonía de opiniones, hay que estar dispuestos a aprender. La técnica, sin duda, hay que saber manejarla, pero yo siempre señalo muchos libros que pueden ayudar a los jóvenes poetas, entre ellos, las cartas de Rilke. Cualquier arte es una obligación interior absorbente, la NECESIDAD, LA VOCACION, hay creo yo que está el meollo de la cuestión, lo demás es pulimento, artesanía. Como bien dice Antonio, se puede aprender con esfuerzo y dedicación; algo que se va convirtiendo en una segunda naturaleza, es decir, en un saber hacer.

Un abrazo a todos.

Sergio dijo...

Evidentemente sin el talento ni la "magia" no hay poeta, pero me parece que hay muchos escritores que obvian demasiado la técnica y producen una escritura que, con ella, con ese pulimiento que no se tiene qué notar, mejorarían mucho sus resultados ya que, sin ella, muestran demasiado el artefacto literario, su diletantismo técnico, y no la literatura.

Juan Manuel Macías dijo...

Estoy de acuerdo, Antonio, en que no hay que conformarse con lo primero que salga. Pero sigo en mis XIII acerca de que la técnica se asimila antes que se aprende. Pero si se aprende, desde luego no es en los manuales de métrica o prosodia. En fin, que creo en la libertad del poeta antes que en la del verso. Libertad para dejarse llevar por la tradición, o para inventarse otras cárceles. Un abrazo

Betty B. dijo...

Vaya, cuántas vueltas se le da a este tema y qué interesante es siempre. A mí me resulta obvio que la técnica por sí sola no hace un poeta, eso parece que lo asumimos todos (qué gracia ese "mosqueo" de Jesús Beades) pero no hay que desdeñarla, como se decía en anteriores entradas, se escribe con palabras. Conocer el código y sus normas es imprescindible. Pero es subsanable; la falta de "genio", no.
Aprovecho para agradecerte tu visita, Antonio.

Betty B. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sergio dijo...

POÉTICA Nº4


Poesía eres tú,
dijo un poeta
-y esa vez era cierto-
mirando al Diccionario de la Lengua.

(Ángel González)

Antonio Serrano Cueto dijo...

Decía, creo, Juan Ramón, que la inspiración sopla el primer verso, pero el resto es trabajo de escritorio. Puede pensarse que el "ajuste" al que un poeta somete el poema (a veces durante semanas) conlleva un alejamiento paulatino de esa pulsión primera, de esa idea "silabeada" que le abrió de nuevo los sentidos, pero yo creo que esa suerte de callada efervescencia no sólo no se debilita, sino que permanece en cada ajuste, en cada borrón, en cada nueva formulación, exigiendo que finalmente se le dé forma estética. La técnica allana este camino, siempre que al cabo no queden visibles las herramientas.

Juan Manuel Macías dijo...

En todo caso "técnica", "forma", "fondo"... me temo que no son más que caras de una realidad única a la que siempre estaremos llegando tarde. Pero, eso sí, da para mucha literatura y para alguna que otra charla de sábado.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Para que no se quede en trece el número de comentarios, vuelvo a intervenir. Recuerdo ahora (perdón por autocitarme) unos versos míos: "todo falso, como en un buen poema / del que no se conocen borradores"). Los tachones existen, los folios emborronados, pero la página final debe ir limpia, sin guardar la huella de los pasos anteriores. Tienes razón, Juan Manuel, es más cuestión de asimilar, seguramente a través de la lectura de los grandes, que de aprender de forma ordenada o académica. Pero la técnica existe, repito, y uno tiene que conocer el oficio si no quiere presentar una pobre imagen. Lo difícil es el equilibrio entre tradición e innovación, norma y transgresión. Reconozco que lo perfecto en lo formal, sin alma, puede caer en el déjà vu, lo peor que le puede suceder a un poema.