jueves, 13 de noviembre de 2008

"Liberal y humanista"









Hace días se estrenó una adaptación cinematográfica de Retorno a Brideshead. Aún no la he visto y no sé si lo haré, entre otras cosas porque las versiones de obras literarias me gusta verlas en versión original, y en Sevilla no se ha estrenado copia V.O.


El siguiente artículo lo publiqué en una, más que revista, hoja volandera en 2004. Ya entonces se amenazaba con un despropósito, y aunque no sé si aquel proyecto era el mismo que ahora llega a las pantallas, el resultado parece haber sido similar. Lo han denunciado, por citar sólo dos artículos que he leído, Geoffrey Wheatcroft en el TLS y Enrique García-Máiquez en el Diario de Sevilla y los otros periódicos del Grupo Joly. Ahí va el mío difundido en más modesto soporte, ya dije, hace cuatro años:






Si algún día, desolación de la quimera, pudiese uno dedicar por completo su tiempo a pergeñar páginas de creación, pagando el peaje al que están obligados tantos escritores —el artículo periodístico—, nada como las páginas de un periódico extranjero para disponer de un manantial siempre fresco de noticias curiosas, raras, reseñables, con las que ir aguzando el ingenio y hallar día a día tema que llevar a la página.
Esta mañana, hojeando The Times, una de mis principales minas de anécdotas y sucesos, he leído acerca de una de esas barbaridades que ya no nos azoran por ser demasiado frecuentes, anestesia que nos entra en vena por la muy frecuenta aguja de la mediocridad, lo zafio, lo memo, que, no se sabe quién, alguien nos ha recetado contra la inteligencia. Resulta que en los Estados Unidos no han tenido idea más brillante que la de hacer una versión cinematográfica de Retorno a Brideshead, la más célebre entre las novelas de Evelyn Waugh. Católico inglés, es decir, proclive a las tormentas interiores y a la bebida, Waugh fue un tipo duro de pelar, y desde luego, aunque preocupado por la religión (atinaríamos más precisando que lo que le obsesionaba era la redención), muy poco santo. Su vida privada no fue modélica, tal vez por ello hizo que, casi un sacramento por persona interpuesta para purgar su propio infierno, el protagonista de Retorno a Brideshead se convirtiera al final al catolicismo.
Ahora, la productora norteamericana acaricia la idea de cerrar la trama con un final a lo Hollywood (es decir, mediocre, zafio y memo, ya lo dije). Y un tal Davis, en nombre del engendro que se avecina, ha dicho que en lugar de la conversión teológica añadirán, postizo, un final “liberal y humanista”.
Uno fue criado en el catolicismo, rama de la desazón humana que hace muchos años dejó de practicar, y de cuya fe está ya muy distante, pero le acongoja que en nombre de lo políticamente correcto se borre de un grosero brochazo una religión que vinculó a los suyos en torno a unos misterios que le son ya ajenos. Cada vez más cercano al paganismo, no puede honrar a sus manes despreciando lo cristiano o lo católico, que está en la raíz de sus antepasados. Además, le solivianta le estupidez, incurra en ella Agamenón o su porquero. Destrozar una obra literaria para adherirle como unas orejas de burro un final y un tratamiento ad usum populi, es una obscenidad y, no me cabe la menor duda, un caso de violación necrófila, repugnante.
Ya puestos, me pregunto qué tratamiento le darían, rodeados de masas “afroamericanas”, las lumbreras hollywoodienses a esa otra novela de Waugh que en inglés se titula Black Mischief y que en español, con exactitud que bordea la brutalidad, se tradujo como Merienda de negros. La lección es triste: mejor escribir libros inasimilables, que ofendan incluso, para que nadie venga luego a edulcorarlos o castrarlos (lo que viene a ser, a la postre, tristemente lo mismo).

4 comentarios:

Olga B. dijo...

Ay, madre, qué miedo. Me pregunto en qué consistirá exactamente ese sustituir una conversión teológica por un final liberal y humanista. La única manera de defenderse que tiene la obra es ser leída, pero tal vez eso sea algo que no estén dispuestos a hacer algunos de los posibles espectadores de la película. Entonces, el nombre de la novela quedará atado al recuerdo de esta ocurrencia o de cualquier otra futura. Es injusto.

Alfaraz dijo...

Olga, cambiar la conversión por un final "liberal y humanista", puede consistir en que Charles Ryder, en vez de ir a misa, se va de merendola por la campiña, digo yo.

La versión sin castrar de Tusquets cuesta lo que una entrada de cine, y se puede disfrutar siempre.

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Olga B. dijo...

Pues para merendolas en la campiña ya vimos "La casa de la pradera" de pequeños.
No me gusta ver cómo manosean las cosas que quiero.
Alfaraz, volveré a leerme el libro y pasaré olímpicamente de la película, decidido:-)

xGaztelu dijo...

Llego aquí desde el blog de ALFARAZ. Y, sin entrar a las consideraciones de Antonio (comparto unas, otras menos), me quedo con el comentario de OLGA B: no creo que lea ahora otra vez la novela (ya la tengo unas cuantas veces en mi haber: me entusiasma) pero seguramente pasaré de la película, que parece haber destrozado una joya. Tampoco a mi me gusta ver cómo manosean las cosas que quiero.

xG