viernes, 14 de noviembre de 2008

Tristán García

Es éste mi cuento favorito de Álvaro Cunqueiro. No es difícil entender por qué. Lo tiene todo: humor, melancolía, costumbrismo de lo irreal... Bellísimo. Para acabarse uno solo dos botellas de whiskey.

7 comentarios:

Pablo Fergó dijo...

Fíjate tú que aunque pienses (me arriesgo) que soy una mosca cojonera, resentida con la física cuántica de la poesía (nada más lejos), aún así, y nada tiene que ver, me gusta leer tus interminables y articulados artículos y viajes por todo lo largo y ancho de este mundo, como decía el capitán Tan a Valentina, y quien sabe si también Tristan. Y eso no es nuevo, aún me acuerdo de aquella crónica que leí en la Biblioteca Infanta Elena y que hacías en una revista (no sé si Clarím o alguna otra) de tu viaje a Roma, también aparecía tus padres por ahí, creo. La leí dos veces recordando también mi reciente y mágico viaje con mi mujer ese mismo año y la guinda en Venecia… (inolvidable esa parte mía). Incluso me pareció haberte visto por allí como un chino cámara en mano, en el Coliseo, aunque no creo, porque si así hubiera sido seguramente te habría retado a una lucha de bolígrafos en la arena como unos Gladiators cualquiera. Capaz eres todavía de encajarte la coraza pulida de abdominales dibujados y colgarla aquí para nuestro deleite. Mi dedo señala hacía arriba.

marisa dijo...

"Inventar es un método válido de conocer". Me quedo con esta cita del propio Cunqueiro como prólogo a sus cuentos. Siempre he disfrutado de su obra, de su fina ironía, de la defensa de lo maravilloso y lo mágico como parte de lo cotidiano. Gracias por el regalo de esos fabulosos Cuentos gallegos que merecen una, dos o las botellas que hagan falta... Un abrazo

Antonio Serrano Cueto dijo...

En poco autores he encontrado la maestría de la prosa poética que tenía Cunqueiro. Recuerdo haber disfrutado enormemente con "Las mocedades de Ulises" y "Un hombre que se parecía a Orestes". Gracias por recordarnos algunos de sus cuentos breves.
Un abrazo.

TOMÁS dijo...

El libro sobre Cunqueiro de Gregorio es muy bueno, merecedor de uno de los autores mejor dotado para esto de la literatura. Salud.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Ay, quería que el enlace remitiera directamente a "Tristán García". Pero como no hay mal que por bien no venga, así tenéis, juntos, todos los relatos de tan sabroso libro. El de Manuel Gregorio González, "Don Álvaro Cunqueiro, juglar sombrío", es en verdad estupendo. Me enorgullece haber podido leerlo en manuscrito, antes de que ganara el premio. Abrazos a todos.

Alejandro Lérida dijo...

Hablar de Álvaro Cunqueiro es hacerlo del "envés de las cosas" -como decía Cortázar-, que está estrechamente ligado a la forma de ser y de percibir la realidad de los nacidos en Galicia -tú sabes por qué lo digo- en relación con la imaginación y los sueños, en relación con el humor, y como parte de la propia concepción del mundo, un mundo al que hay que contemplar por el haz y por el revés para que nuestro conocimiento sea completo.

Un abrazo sincero, maestro, forjador de caminos.

Y las copas -que conste en alma- corren por cuenta de las Musas, que están siempre calladas.

Manuel G. dijo...

Genial.

Con todo, es de los relatos más verosímiles y "comedidos" de Cunqueiro, quien normalmente desata su fantasía.

Ya que estamos. Recientemente he descubierto una relación en la que nunca me paré, que es el tremendo parecido entre la prosa de Cunqueiro y la de Camilo José Cela.

Es el estilo, el fraseado, la coña, el disparete y el esperpento...en lo que se parecen muchísimo, sobre todo si leemos muchos cuentos de Cela, cuyo paradigma puede ser "Café de artistas". Todo sin dejar de tener quizás Cunqueiro un tono más dulce y amable, y Cela más duro. Uno mágico y sobrenatural, y otro "realista" en el fondo, que no en el estilo.

Para mí, no deja de ser paradójico (o muy indicativo) que uno represente lo gallego, y el otro a cierto casticismo castellano, siendo quizás tan parecidos.

La verdad es que ambos eran gallegos, pero Cela se convirtió en el escritor castellano por antonomasia, sin mucha sopecha de “gallego”.