miércoles, 10 de diciembre de 2008

Agua y mitos: Islandia y Mozambique

Este es el texto que escribí para la exposición Agua y mitos, de Juan Carlos Sánchez de Lamadrid, que se podrá visitar en la Fundación Tres Culturas de Sevilla hasta avanzado enero:


Estuve en Islandia hace pocos años. Miento. En realidad, siempre he estado en Islandia, porque Borges y los mitos, la fantasmagoría de las auroras boreales, la Thule de la Sigrid del Capitán Trueno, ya hibernaban en mis venas, dormidos en un bloque blanquísimo. Sólo aguardaban la llegada del deshielo, de ese verano en que medí la isla de los mapas con la de la imaginación. Traje algunas fotografías; otras muchas, casi todas, quedaron veladas -para mí, al menos- al perder la cámara con la que las hice en algún campo de lava o junto a alguna laguna (en aliteración que gustaría a los escaldas, los antiguos poetas nórdicos). Quien encontrara aquella caja de imágenes plateada, como la arqueta obtenida en una rapiña que acarreara un drakkar, y antes de llenarla con mementos de su propia vida, vería cascadas y meandros de los fiordos, cráteres inundados y géiseres. Agua líquida, sólida, gaseosa. Cierta fatalidad escandinava ha querido que esas instantáneas que arrebató un descuido vuelvan, mucho mejor, más nítidas, en estas otras fotografías, papel de agua en el que reconozco, y ante el que me rindo, la filigrana de todo lo que a miles, como a Auden, fascina y fascinará siempre de Islandia.

En Mozambique no he estado: a mí, que me cautivan las espadas, me dan pánico las agujas, y está fuera de toda cuestión el vacunarme para ir a países exóticos, donde esas agujas otras, las trompas de los infecciosos mosquitos, acechan para dar su merecido al intruso en un país que recorren el Zambeze y el Limpopo, cuya esperanza de vida es sólo de cuarenta años y que aún se recupera de terribles inundaciones. Allí en Chupanga entregó el alma la mujer de Livingstone, y allí está, a la sombra de un baobab, enterrado su cuerpo que devoró la malaria, a un paso de cocodrilos e hipopótamos.

En Mozambique no hay canalizaciones para el riego, de modo que todos los cultivos se apiñan junto a los ríos, y esto hace que la población sea muy vulnerable a las crecidas, al tiempo que las sequías agostan otras partes del territorio. En su costa naufragó Camoens, y allí se quedó un tiempo, enfermo y pobre, antes de volver con Los Lusiadas a Lisboa, esa ciudad a la que el “camino de la ballena”, como los escandinavos llamaban al mar, llevó también en 840 a los vikingos, en expedición efímera, dos generaciones antes de que colonizaran Islandia.

Asistimos estos días al derrumbe de ese otro mito, el de la libre economía de nuevos mercaderes de humo, tan diferentes de los navegantes de antaño tras los que pujaba el viento. La sólida economía de Islandia (etimológicamente “tierra de hielo”) se ha licuado de repente, ha estallado como una burbuja del Strokkur que escupe su hervor al cielo. Se han evaporado ahorros propios y ajenos. Más que el calentamiento global y en vez del agua termal de su subsuelo, los altos intereses y la especulación han derretido ese glaciar que era Islandia, firme como una roca, ahora un charco fangoso y lastimero. Hace semanas ocupaba uno de los primeros puestos entre las naciones más ricas del mundo. Mozambique, con veinticinco veces más población, era, y sigue siendo, una de los más pobres.

En la Última Thule aún perviven entre muchas personas las antiguas creencias paganas. Habrá más de alguno que vea que este jarro de agua fría de dimensiones cósmicas es el anunciado Ragnarok de su mitología. ¿Ha tocado ya Heimdall, junto al puente del arco iris, su cuerno? Entretanto, en Mozambique, casi en las antípodas, el mito permanece frente al timo, esa alucinación de la que los islandeses –también se producen espejismos en el hielo- no han sido tanto culpables como víctimas.

5 comentarios:

Olga B. dijo...

Jo, está muy bien el texto. Cómo no hacer mitos de agua,de Islandia a Mozambique, si nuestro mundo es de agua y sus recorridos ( el circuito ciego de la sangre igual que las mareas)parecen tener conciencia. Alrededor del agua crecen los mitos y la vida como una ciudad crece alrededor de un río. El derrumbe de la economía es la cara del tahur cuando no le sale el truco, pero el deshielo puede poner en marcha montañas de agua que tal vez no hagan caso de las leyes que protegen el mercado. Con el agua hay que tener mucho cuidado. E intentar entenderla a golpe de mito o de ciencia. Por aquí se dice que "hasta en las aguas remansadas hay misterios de mujer".

Rafael G. Organvídez dijo...

Me acuerdo, Antonio, de cuando proyectabas aquel viaje hace ya, ay, unos años. Hablamos de Thule y recordamos la balada de Goethe "Der könig in Thule", puesta en boca de Margarita en su "Fausto". No sé si te acordarás de que te recomendé la audición del lied que Schubert compuso sobre el mismo texto.
Intentaremos acercarnos por la exposición de Lamadrid.
Saludos

Anónimo dijo...

no se si siempre has estado en islandia,pero algunas veces estas...un abrazo

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Amigos, vuestro calor también funde el hielo.

Anónimo dijo...

Hola Milord,

Me encontré en una biblioteca de Madrid con tu libro "Viaje Sentimental por Inglaterra" esta semana y me ha parecido sugerente y brioso en donosura por lo que te escribo.No conocía la existencia de este cuaderno de bitácora pero al igual que Skerryvore parece bastante luminoso.

un saludo X
Kay